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P
o r C a r l o s V e r d e
c i a*
El arroyo
Me
pregunto si este es el arroyo
que nos vio jugar en la infancia.
Si esos rostros
que aún sonríen desde el cauce de piedras,
son los niños que éramos entonces.
Si es esta agua fresca y apacible
que hoy se agolpa y abre paso entre mis dedos,
la que nos refrescó los pies descalzos,
y nos pegó la ropa al cuerpo.
Me pregunto si esa piedra lisa,
que aún salta y salta y salta
sobre las tranquilas aguas del arroyo,
busca todavía respuestas
a nuestros acertijos infantiles.
Si esos gigantes blancos hechos de nubes
son aquéllos que intentábamos nombrar
cuando acostados entre la hierba alta
no sabíamos qué hacer con nuestros cuerpos.
Te propongo regresar a nuestro arroyo,
depositar allí las lágrimas
de nuestros adultos transcursos,
solucionar acaso aquellos acertijos,
y llenarnos de todas las respuestas.
Pero date prisa, amor
no sea que el arroyo huya
hacia el mar, lejos de nosotros,
llevándose consigo
nuestros rostros infantiles,
nuestras nubes y piedras,
nuestros sueños,
nuestros pequeños cuerpos incapaces.
* El autor es poeta y periodista cubano, radicado
en Miami.
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