29 de octubre del 2000
Va al Ejemplar actual
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Buzón
  Al día
Home Page
Ejemplar actual
Reportajes
  Exclusivo para la red
  Análisis
  Grandes Plumas
  Acentos
  Entrevista y P&R
  Ecobreves
  ¿Lo sabías?
  Tú puedes
  Libros
  Galería
Ediciones especiales
Gente de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
  Servicios
  FAQ
Geojuvenil
Espacio de debate hecho por jóvenes y para Jóvenes
Geojuvenil
 

Eduterra
Proyecto educativo

Eduterra

 
Cambio Climático
Proyecto de soporte a negociación ambiental

Cambio Climático

  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

 

Reportajes
Una reflexión en torno a las tecnologías del siglo XXI

Los profetas del Apocalipsis

Por Mark Sommer*


¿Podrá el hombre controlar las consecuencias de la genética, la nanotecnología y la robótica? Con esta pregunta, Bill Joy, uno de los padres de la nueva economía, conmocionó a sus pares

BERKELEY.- "Estamos en la cúspide de la ulterior perfección de la maldad extrema, una maldad cuyas posibilidades van mucho más allá de las armas de destrucción masiva ligadas a las naciones-Estados, gracias a la concesión de un sorprendente y terrible poder en favor del individualismo llevado al extremo", afirma Bill Joy, un pionero de éxito en la conexión de redes de computadoras. Esa declaración, incluida en un importante artículo publicado en la última primavera en Wired, la principal revista especializada en temas cibernéticos, alarmó a sus colegas de la alta tecnología y asustó a un público más amplio.

Como cofundador de Sun Microsystems, uno de los más exitosos fabricantes de software del mundo, Joy está en una posición óptima para evaluar el futuro de las nuevas tecnologías. De modo que sus severas palabras de advertencia tuvieron un impacto no muy diferente del que provocó Albert Einstein hace seis décadas cuando habló contra el uso con fines destructivos de los secretos atómicos que él y sus colegas habían revelado al mundo.

Con una sensibilidad ética inusual en el sector de la alta tecnología, que padece actualmente de estrechez de miras, Joy escribió un artículo titulado "Por qué no nos necesita el futuro". "Las tecnologías del siglo XXI - genética, nanotecnología y robótica (GNR)- son tan poderosas que pueden engendrar todo nuevo tipo de accidentes y de abusos. Y lo más peligroso es que, por primera vez en la historia, esos accidentes y abusos pueden ser cometidos por individuos o pequeños grupos con fácil acceso a esas tecnologías, que no requieren ni grandes instalaciones ni materias primas raras", señaló Joy.

"Por lo tanto, tenemos la posibilidad no sólo de usar armas de destrucción masiva sino también la de utilizar conocimientos que permiten provocar desastres masivos. Esta capacidad de destrucción se ve amplificada por el poder de la auto-reproducción", añadió.

Los mensajes de Joy han sido recibidos con consternación por la mayoría de sus colegas de la alta tecnología. En revistas on-line y en debates en vivo, muchos rechazaron, tachándola de hiperbólica, la noción de que los mecanismos que ellos están proyectando podrían alguna vez autorreproducirse de modo incontrolado y autodestructivo.

Pero las palabras de Joy llamaron la atención entre los intelectuales no tecnológicos, así como entre un más amplio público a escala mundial.

Joy afirma que, aplicadas en ausencia de imperativos técnicos, legales o éticos, las tecnologías GNR serían capaces de crear especies" (biológicas y tecnológicas) concebidas a imagen humana que podrían terminar por dominarnos.

"Con la perspectiva de un poder informático a nivel humano dentro de los próximos 30 años...yo podría estar trabajando para crear herramientas...que podrían reemplazar a nuestras especies. Si quedamos atrapados dentro de nuestra propia tecnología ¿cuáles son las posibilidades de que, después de eso, sigamos siendo nosotros mismos?", se preguntó Joy.

A la luz de la titánica lucha aún inconclusa- del siglo XX para prohibir el uso de las armas nucleares, químicas y biológicas, ¿qué podemos esperar de nuestra capacidad para utilizar los recién creados poderes de tecnologías con mayor sabiduría y autocontrol?, agregó Joy.

Asimismo, rechaza la alternativa de crear defensas técnicas contra el mal uso de esos poderes por considerarlas inalcanzables: "es preciso restringir el desarrollo de las tecnologías que son demasiado peligrosas limitando la búsqueda de ciertos tipos de conocimientos".

Aunque rechazado por muchos colegas, que lo consideran una moderna Casandra ese personaje mitológico que simboliza las predicciones en las que nadie cree-, Joy es acompañado en sus preocupaciones por un joven visionario cibernético, Jaron Lanier, quien fue el primero que acuñó el término "realidad virtual".

Lanier critica también a quienes llama "absolutistas cibernéticos", es decir aquellos que pronostican la concreción de "tecno-utopías robóticas". Al contrario de Joy, Lanier cree que el software de las computadoras es a la larga demasiado "frágil" como para producir ya sea una inteligencia artificial superior a la humana o "El Terror según la versión de Bill".

El peligro que ve Lanier no es la extinción de nuestra especie sino la separación extrema entre aquellos que tienen acceso a las nuevas tecnologías -con sus superiores conocimientos, inteligencia y genes- y la mayoría de la humanidad, privada de tales privilegios.

"Con las tecnologías actualmente existentes -escribió en la revista on-line Edge- los ricos y el resto de la gente no son tan diferentes: unos y otros sangran cuando los pinchan. Pero con la tecnología de los próximos 20 o 30 años ellos podrían, por cierto, ser muy distintos. ¿Serán los ultra-ricos y el resto de la gente incluso reconocibles como pertenecientes a la misma especie a mediados del nuevo siglo?".

Pero, si son juzgadas las armas de destrucción masiva del siglo XX por sus consecuencias reales, el resultado más probable no será ni el que surja de las fantasías más acariciadas por los tecnófilos ni el anticipado por las más espantosas pesadillas de los humanistas. Las personas no se destruyeron ni envenenaron a sí mismas en el último medio siglo, pero sí se aterrorizaron unas a otras con arsenales de juguetes mortales.

No obstante, las Casandras como Joy y Lanier son elementos esenciales en la dinámica auto-equilibrada que impide a la humanidad hundirse en el abismo.

La discusión entre los que ven la superación de los defectos y flaquezas de los seres humanos a través de progresos en el campo de la genética, la robótica y la cibernética y los que creen que éstas amenazan a la especie humana es una repetición de los temores y de las fantasías con que fue recibida la Revolución Industrial.

Lo más urgente en esta coyuntura es una síntesis de los elementos más juiciosos de cada uno de esos puntos de vista.

O sea: sí a los adelantos tecnológicos, pero al servicio de una cultura más humana, basada no en la dominación, la separación y la alienación de la naturaleza humana sino en la asociación, la conexión y la compasión.



* Mark Sommer es un escritor y columnista que dirige el Mainstream Media Project, una iniciativa con sede en Estados Unidos para llevar nuevas voces a los medios de radiodifusión.

Copyright © 2000 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados

 

¿Quedaremos atrapados dentro de nuestra propia tecnología?
  ¿Quedaremos atrapados dentro de nuestra propia tecnología?/ PhotoStock