5 de noviembre del 2000
Va al Ejemplar actual
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Buzón
  Al DIA
Home Page
Ejemplar actual
Reportajes
  Exclusivo para la red
  Análisis
  Grandes Plumas
  Entrevista y P&R
  Ecobreves
  ¿Lo sabías?
  Tú puedes
  Libros
  Galería
Ediciones especiales
Gente de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
  Servicios
  FAQ
Geojuvenil
Espacio de debate hecho por jóvenes y para Jóvenes
Geojuvenil
 

Eduterra
Proyecto educativo

Eduterra

 
Cambio Climático
Proyecto de soporte a negociación ambiental

Cambio Climático

  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
 
Diálogos

Manifestantes de Greenpeace piden la liberación de Montiel en la ciudad de México/ Greenpeace.
Manifestantes de Greenpeace piden la liberación de Montiel en la ciudad de México/ Greenpeace.


¿Un delincuente o un héroe ecológico?
Por Diego Cevallos*

El campesino mexicano Rodolfo Montiel, ganador del premio Goldman 2000, dialogó en exclusiva con Tierramérica desde una cárcel en el estado de Guerrero
MÉXICO.- Para fiscales y jueces de México, el campesino Rodolfo Montiel es un delincuente que merece la cárcel, pero en opinión de decenas de grupos no gubernamentales, es un héroe que lucha por preservar los bosques.

"Yo sólo soy un campesino que quiere que los que vienen detrás tengan bosques, agua y salud", dijo Montiel a Tierramérica, desde una cárcel del estado de Guerrero, donde cumple una condena de seis años y ocho meses por siembra de marihuana y posesión de armas.


Pobre, semianalfabeto, víctima de torturas, de persecución militar y de amenazas de muerte, Montiel recibió en abril, en prisión, el premio Goldman 2000, que entrega cada año la fundación estadounidense de ese nombre y que es considerado el Nobel ambiental.

Salió del anonimato en 1998, cuando fundó junto con sus vecinos y amigos la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petetlán y Coyuca de Catalán (Ocesp), en Guerrero, al sur de México, una zona a 3 mil 48 metros sobre el nivel del mar con ricas tierras forestales, pero mucha pobreza.

Tras enfrentarse a quienes talan los bosques, comandados primero por una empresa extranjera y luego por firmas locales, denunciar la destrucción del ambiente y pedir apoyo del gobierno para frenar la deforestación, Montiel fue detenido en mayo de 1999 por soldados.

Bajo torturas y sin un abogado de confianza, según la versión de grupos humanitarios locales y extranjeros, confirmada por la estatal Comisión de Derechos Humanos de México, el detenido confesó ante un juez tener armas y cultivar marihuana.

"Me amenazaron la familia, pero sobre todo los soldados me sometieron a muchas torturas psicológicas y físicas y por eso dije que las pruebas que me 'sembraron' eran ciertas", señaló Montiel.

"Qué armas iba a tener yo, de qué marihuana hablan, si ni siquiera tengo un pedazo de terreno para cultivar, si los vecinos me prestaban tierra para sembrar algo de maíz, si no tengo ni dinero, propiedades ni nada", declaró.

Con voz pausada y baja, y sin alterarse, el campesino, quien sólo terminó primer año de primaria, relató haber recibido toques eléctricos en las piernas, fuertes jalones en sus testículos y golpes de todo tipo.


Los exámenes médicos confirmaron que Montiel tiene aún huellas de las torturas.

"Los militares me decían, 'no te olvides, guey (forma despectiva para referirse a un interlocutor) que tenemos a toda tu familia bien ubicada y que la pueden pasar mal, igual que tú", comentó.

"Si los soldados reconocían que nos detuvieron por defender los bosques les hubiera dado vergüenza, por eso inventaron eso de las armas y la marihuana", añadió.

La tala indiscriminada destruyó desde 1992 hasta hoy 86 mil de las 226 mil 203 hectáreas de bosques que existían en la sierra de Petetlán y Coyuca de Catalán, asegura la organización Greenpeace.

Pero, para el juez del estado de Guerrero que condenó a Montiel en primera instancia, en agosto, y para el que confirmó la sentencia a fines de octubre, la deforestación no tiene nada que ver con el caso y la confesión fue legal, por lo que merece la cárcel.

"Hay presiones de todos lados en este caso, la Procuraduría -los fiscales- piden la pena máxima, los militares no quieren aceptar lo de las torturas y el gobierno se lava las manos. Pero seguiremos insistiendo, pues Montiel no tiene ninguna culpa", dijo a Tierramérica el abogado defensor, Mario Patrón.

El caso ha llamado tanto la atención que algunos ambientalistas comenzaron a comparar a Montiel con el activista brasileño Chico Mendes, quien fue asesinado en 1988 por promover la defensa de los bosques.

La secretaria (ministra) de Medio Ambiente, Julia Carabias, aceptó en abril reunirse con organizaciones ecologistas y humanitarias para tratar el caso de Montiel.

Tras ello, trascendió que personal de la Secretaría inició inspecciones en las zonas montañosas de Guerrero para informarse sobre la supuesta tala ilegal e indiscriminada de árboles.

Decenas de organizaciones no gubernamentales ecologistas, humanitarias, políticas, de mujeres, de campesinos y de jóvenes, de México y del extranjero, piden la liberación inmediata de Montiel.

Amnistía Internacional declaró presos de conciencia en marzo a Montiel y a Teodoro Cabrera, otro dirigente de la Ocesp detenido por los militares, y exigió su excarcelación. "El gobierno nos trata con indiferencia y hasta desprecio, pero los extranjeros reconocen nuestra labor. Pase lo que pase conmigo, cuando salga seguiré defendiendo los bosques, pues quiero que mis hijos y mis nietos tengan futuro", anunció Montiel.

Con el premio Goldman, consistente en 125 mil dólares, el dirigente y fundador de la Ocesp aspira a formar un fideicomiso para trabajar a favor de los bosques.

"Seguimos animados aquí en la cárcel porque sabemos que tenemos razón y que pronto saldremos libres", expresó.

Pero eso no parece fácil. Sus abogados creen que podrían pasar entre ocho meses a un año antes de que se pueda resolver el "juicio de revisión de garantías constitucionales" que se proponen solicitar, la última instancia judicial que les resta.

Si eso no funciona, el caso será denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en otros foros internacionales, indicó el abogado Patrón, quien trabaja para el grupo humanitario Agustín Pro Juárez, vinculado a la orden los jesuitas.

Queda otro camino posible. Varios diputados presentaron al Congreso legislativo un proyecto para amnistiar a Montiel y Patrón.

"Yo soy un luchador, sólo quiero beneficiar a quienes vienen detrás de nosotros, las nuevas generaciones, y por eso estoy dispuesto a todo", afirmó el campesino, hoy héroe para unos, pero delincuente para otros.

* El autor es corresponsal de IPS.

 



Copyright © 2000 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados