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Temas ambientales en foro "AntiDavos"
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| ¿Otro
mundo es posible? |
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Por Mario Osava*
Líderes
y movimientos sociales de varios continentes discutirán en Brasil
alternativas ecológicas a lo que llaman la "globalización excluyente"
que promueve el Foro Económico Mundial de Davos
RIO DE JANEIRO.- Problemas ambientales figuran
entre los puntos polémicos del Foro Social Mundial, que del 25 al
30 de este mes hará de Porto Alegre, en el sur de Brasil, la capital
de quienes buscan construir estrategias alternativas de desarrollo
global.
Organizaciones no gubernamentales (ONG) y movimientos
sociales, políticos y sindicalistas asistirán a la cita, que ha
sido denominada "antiDavos", por estar a contracorriente de las
opciones que fomenta el Foro Económico Mundial, que reúne cada año
a empresarios, financistas y gobernantes en Davos, Suiza.
Porto Alegre espera la llegada de personajes
como la escritora ecofeminista india Vandana Shiva, el lingüista
estadounidense Noam Chomsky, la presidenta de la asociación France
Liberté, Danielle Mitterrand, y el líder independentista de Timor
Oriental y Premio Nobel de la Paz, José Ramos Horta.
Se trata de líderes y grupos vinculados a la
izquierda y centroizquierda, que intentan organizarse mundialmente
de manera amplia, ante lo que consideran una "globalización excluyente"
impuesta por el gran capital que se congrega en Davos y para demostrar
que "Otro mundo es posible", la hipótesis recogida como consigna
central.
Con orígenes que se remontan a inicios de los
años 70, el Foro Económico Mundial con sede en Suiza, congrega a
las mil multinacionales más importantes del orbe y se define como
una fundación independiente y sin fines de lucro, a favor de la
globalización, el crecimiento económico y el progreso social.
En abierto contrapunto, el Foro Mundial Social
de Brasil, busca definir orientaciones y acciones conjuntas "en
el combate contra el neoliberalismo", dijo a Tierramérica el vicegobernador
de Río Grande del Sur, Miguel Rossetto, organizador del foro en
nombre del gobierno estadual y de la municipalidad de Porto Alegre.
La variedad de intereses, de áreas de actuación,
de culturas y doctrinas de los participantes, no permite aguardar
resultados inmediatos de la cita, apuntan los observadores. Es sólo
una "primera reunión, con pluralidad y diferentes urgencias", que
pondrá en marcha un proceso y avanzará en organización, sostuvo
Rossetto. El propósito es repetirla anualmente, siempre en coincidencia
con el encuentro de Davos.
Pero es posible lograr consenso en asuntos
de ambiente, como punto de partida para la unidad de acción, observó
Jean-Pierre Leroy, de la ONG brasileña Federación de Órganos de
Asistencia Social y Educacional.
Acceso a las riquezas y sustentabilidad es
uno de los cuatro ejes temáticos de paneles en los que intervendrán
personajes y dirigentes políticos de notoriedad internacional, cuya
presencia otorgará al foro repercusión en la prensa.
Los productos transgénicos, las patentes de
semillas y de otros organismos vivos, el impacto ecológico de la
globalización, el caso de la Amazonía, las exigencias ambientales
en el comercio, la demanda de agua para todos y propuestas de energía
renovable estarán en las mesas de discusión.
Porto Alegre fue elegida como sede del foro
antiDavos por tratarse de una ciudad gobernada hace 12 años por
el izquierdista Partido de los Trabajadores, que introdujo innovaciones
como el Presupuesto Participativo, por el cual asambleas de pobladores
deciden sobre inversiones públicas.
Además, es la capital de Río Grande del Sur,
un estado conducido desde 1999 por Olivio Dutra, quien inauguró
el modelo de gestión popular y transparente de la ciudad cuando
fue alcalde, de 1989 a 1992.
Los cerca de 600 representantes de ONG de todo
el mundo que, reunidos en Ginebra en junio, decidieron realizar
el foro en Porto Alegre, tuvieron también en cuenta la tradición
ambientalista y campesina de Río Grande del Sur.
Los "gaúchos", como se conoce a los habitantes
del estado, son pioneros en la "lucha ecológica social, humanista"
en Brasil, destacó el agrónomo Sebastião Pinheiro, profesor de la
Universidad Federal local y crítico del uso abusivo de agroquímicos.
Río Grande del Sur está dispuesto a ser "territorio
libre de transgénicos".
Pero esa es una decisión "de los sindicalistas,
agricultores y amas de casa, y no de la élite", porque la población
local conoce hace muchos años los riesgos de esos productos, aseguró
Pinheiro.
El gobierno gaúcho promueve una moratoria de
la siembra de vegetales genéticamente modificados, hasta que se
compruebe la ausencia de amenazas al medio ambiente y a la salud
humana, indicó Rossetto.
También en Río Grande del Sur surgió el Movimiento
de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que en 15 años se
extendió a todo Brasil y es conocido por sus acciones de impacto,
como manifestaciones masivas y la ocupación de haciendas improductivas
y sedes gubernamentales para impulsar la reforma agraria.
El MST propondrá en el foro una campaña mundial
para que las semillas sean consideradas patrimonio de la humanidad,
limitando las patentes y la amenaza de que algunas empresas transnacionales
las monopolicen por la vía de los proyectos de bioprospección.
El movimiento inició una campaña nacional contra
los transgénicos, señalando tanto los riesgos a la salud y al ambiente
como a la seguridad alimentaria.
Varias transnacionales esterilizan genéticamente
las plantas, para obligar al agricultor a "comprar nuevas semillas
cada año, por el precio que le imponga la empresa", aseguró João
Pedro Stédile, dirigente del MST.
Los "agricultores ecológicos" de Río Grande
del Sur llevarán al foro tres denuncias, anunció su portavoz, Sebastião
Pinheiro.
La primera se refiere a la discriminación de
los campesinos de países en desarrollo por presión de la industria
química. Mientras la Unión Europea adoptó en 1991 reglas rígidas
para aplicación de agroquímicos, exigiendo 80 horas de curso y pruebas
de habilitación, en Brasil algunos pesticidas de alta toxicidad
fueron calificados de "moderadamente peligrosos".
Las transnacionales exportan al Sur productos
de calidad inferior. Como consecuencia, 95 por ciento de las intoxicaciones
por agrotóxicos se registran en "países periféricos", afirmó Pinheiro.
También se cuestionará la certificación ambiental
de los productos agrícolas, un servicio que exige tecnología y por
eso es prestado casi siempre por empresas de países ricos.
Ese requisito agrega un costo, que resta competitividad
a las exportaciones del Sur, y echa por tierra la ética del agricultor,
la relación de confianza con el consumidor construida a lo largo
de años y que evita intermediarios, dijo Pinheiro.
La tercera denuncia del MST alude a los transgénicos,
en especial porque someten al agricultor al poder de los dueños
de las semillas.
Jean-Pierre Leroy y su ONG, asociados a grupos
de Chile y Uruguay, pretenden realizar en Porto Alegre un taller
sobre sustentabilidad y democracia en el Cono Sur de América. La
intención es ampliar las bases del Mercado Común del Sur y de otros
proyectos de integración, para superar el estrecho marco del mercado
y el comercio.
Es necesario, por ejemplo, evitar "una estrategia
energética subordinada al consumo industrial", que pone en segundo
lugar las necesidades de la población y del ambiente, señaló Leroy.
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