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El anuncio responde a que existe
una verdadera ciudad flotante pescando calamar en las cercanías
del límite de jurisdicción argentina, según dijo el secretario
de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Antonio Berongaray,
tras sobrevolar la zona.
Oscar Fortunato, del Consejo de
Empresas Pesqueras Argentinas, explicó a IPS que una extensión
similar de control de pesca ya realizan Chile, Ecuador y Perú,
más allá de sus respectivas 200 millas de zona económica exclusiva
en el océano Pacífico.
Delegados argentinos presentarán
documentación probatoria de la depredación pesquera de barcos
extranjeros en la próxima sesión de la FAO (Organización de
las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación),
que se realizará el día 26 en Roma.
Sin embargo, esa ampliación de
control pesquero choca con la zona oceánica exclusiva de las
islas Malvinas, en poder de Gran Bretaña.
Fotografías difundidas este viernes
por la prensa argentina permiten ver a varios de los casi
300 barcos poteros, en su mayoría asiáticos, apuntando las
luces hacia el mar para atraer calamares, especie que migra
entre la zona económica exclusiva argentina y las aguas internacionales.
El director de Pesca, Horacio Rieznik,
comentó que los pesqueros ubicados en la milla 201 (372,5
kilómetros) atraen a los calamares "como si fueran mosquitos".
"Están depredando nuestros recursos
de día y de noche, y quitando posibilidades de empleo a los
argentinos", denunció el funcionario.
Buques de Corea del Sur, Japón
y Taiwán y algunos españoles pescan en el borde del límite
permitido, en una zona del sur del océano Atlántico que concentra
80 por ciento de los calamares que se pueden capturar en el
mundo.
El estatal Instituto Nacional de
Desarrollo Pesquero, que investiga la riqueza ictícola argentina,
recomendó para preservar la especie la actuación simultánea
de sólo 150 barcos durante la temporada, que se extiende de
febrero a junio, y pescar hasta 60 por ciento de las existencias.
Sin embargo, la cantidad de barcos
por temporada suman 350, de los cuales sólo 50 son argentinos,
y además superan el límite de captura aconsejada para asegurar
la reproducción.
"Es un asunto de la mayor importancia
para nosotros", reconoció este viernes el presidente De la
Rúa.
Las exportaciones pesqueras argentinas
llegaron en el pasado a sumar 1.000 millones de dólares, superior
a las ventas externas de la tradicional carne vacuna, pero
en 2000 descendieron a 850 millones de dólares debido a la
depredación extranjera.
Fortunato explicó a IPS que el
problema se agrava "porque los congeladores argentinos (buques
factoría) no tienen permiso para moverse en la franja que
va de las 170 a las 200 millas de la zona económica exclusiva
por cuestiones de preservación".
Tampoco llegan a esa zona los buques
"fresqueros" (que llevan la mercadería fresca), porque es
demasiada alejada de los puertos y se podría afectar la calidad
de las capturas.
Los buques factoría sólo pueden
acceder a esa zona con autorización unánime de las cinco provincias
de la región patagónica argentina con litoral oceánico, una
media de protección a otra especie muy depredada en los últimos
años, como es la merluza hubbsi.
Fortunato explicó que en el mundo
existen dos alternativas para controlar las especies transfronterizas,
que son las que viven mayoritariamente en la zona económica
exclusiva del país ribereño y que se movilizan más allá del
límite.
Una es la que sugiere que los estados
ribereños y los que tienen intereses en el caladero se reúnan
en una comisión para regular la pesca en la zona, dejando
al país ribereño la preponderancia de las decisiones. "Esto
sería como poner al zorro a cuidar las gallinas", ironizó
Fortunato.
La otra opción es la de pedir a
la FAO el permiso de extender el poder de control del país
ribereño otras 150 millas, y entonces el país costero decide
cuántos buques pueden acercarse a capturar la especie, con
qué artes pescar, a qué altura y demás, puntualizó el dirigente
pesquero.
"Para defender esta posición, el
Estado debe tener una organización administrativa interna
seria y un presupuesto que hoy no tenemos. Los controles de
la Armada y de la Prefectura pueden mejorar también, pero
para que su labor sea útil, debe responder a esa organización
ordenada", añadió.
En el caso argentino, las organizaciones
defensoras del ambiente Greenpeace, Fundación Vida Silvestre
y Cedepesca coinciden en que el Estado hizo poco y nada en
los últimos años para evitar la depredación de las especies,
lo que atrajo una poderosa flota extranjera que ya agotó otros
caladeros.
Javier Colcuera, de la Fundación
Vida Silvestre, señaló que durante los años 90 se denunció
la llamada práctica de buques gemelos dentro de la zona económica
exclusiva, que consiste en utilizar dos barcos de similar
porte, nombre, color y matrícula, a fin de capturar el doble
de lo permitido.
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