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GINEBRA.- Hay una cosa
clara sobre las actuales negociaciones en el seno
de la Organización Mundial de Comercio (OMC): los
países en desarrollo aspiran a una liberalización
más sustancial del intercambio de los productos agrícolas
que la que se consiguió en la Ronda Uruguay (Marrakesh,
1994).
Y no se espera que estas
naciones se conformen con concesiones por parte del
mundo industrializado sobre productos tradicionales
con escaso valor agregado, como hasta cierto punto
sucedió hace siete años. Lo que piden es una reforma
l comercio mundial.
En el actual proceso negociador
de la OMC sobre la profundización de la liberalización
agrícola y de servicios, en curso desde enero del
2000, será relevante la discusión en torno a concesiones
sobre productos agrícolas de zonas templadas que el
Sur sí puede producir eficientemente.
Hasta ahora, el Norte
ha otorgado un tratamiento preferencial a los productos
tropicales exclusivos del Sur, pero mantiene barreras
proteccionistas contra productos templados de esos
países que competirían con los del mundo desarrollado.
La agricultura juega un
papel mucho más importante en los países en desarrollo
que en los industrializados. La participación de los
productos agrícolas en las exportaciones totales del
Sur es muy superior: 15 por ciento en Africa y 20
por ciento en América Latina en oposición al 0,1 por
ciento en Japón y al 4,9 por ciento en Estados Unidos.
En muchos países en desarrollo
la agricultura emplea a más de la mitad de la fuerza
de trabajo, mientras que en los países industrializados
se registran porcentajes muy inferiores (por ejemplo,
2,7 por ciento en Estados Unidos).
Durante décadas, los países
en desarrollo han presentado demandas de mayor acceso
a los mercados mundiales para sus productos agropecuarios
y de condiciones competitivas más justas, sobre todo
con respecto a los subsidios que emplea el Norte para
proteger sus exportaciones.
Los mercados de los países
industrializados no serán los únicos en la línea de
fuego. Los mercados de los países en desarrollo y
de las economías en transición son vías de salida
cada vez más importantes para sus propios productos.
En la actualidad cerca del 40 por ciento de las exportaciones
agropecuarias de los países en desarrollo se destinan
al mismo grupo de naciones.
Por supuesto, los países
en desarrollo están preocupados por el impacto de
las importaciones agresivas y subsidiadas provenientes
del Norte también en sus propios mercados y ello se
refleja en varias propuestas para un tratamiento especial
en términos de contramedidas permitidas por el sistema
de la OMC. Pero la respuesta a sus demandas no debería
ser la aplicación en amplia escala de las contramedidas
de salvaguardia, sino la corrección de las distorsiones
en su fuente.
El Sur tienen especial
interés en reducciones de los subsidios a las exportaciones
y reglas más efectivas en otras formas de subsidios.
Los países exportadores de productos agropecuarios,
tanto del Norte como del Sur, estarán en una mejor
situación cuando los precios sean determinados por
condiciones competitivas de mercado más justas y no
por burócratas que calculan y distribuyen subsidios
a las exportaciones o por la manipulación ejercida
por otros programas gubernamentales de promoción de
las exportaciones.
Un punto clave en este
debate es que todos los países tienen legítimas preocupaciones
no comerciales en el sector agropecuario. Vale la
pena recordar que la Ronda Uruguay hizo una contribución
significativa al permitir a los países solucionar
problemas no comerciales como los de la seguridad
alimentaria, la asistencia regional y la preservación
ambiental por caminos que no distorsionen el comercio.
Sin embargo, estos arreglos
son vistos en apariencia, cuando no de hecho, como
una respuesta favorable a los intereses de los países
industrializados. La adecuación de estos arreglos
desde el punto de vista de los países en desarrollo
será, por consiguiente, un importante centro de atención
en las negociaciones agrícolas.
Asuntos clave no comerciales
para los países en desarrollo, como el alivio de la
pobreza y la seguridad alimentaria, son cualitativamente
diferentes de los presentados por ciertos países industrializados.
Con un enfoque pragmático sería posible hacer frente
constructivamente a la mayoría de los asuntos no comerciales
con un mínimo de distorsión para el comercio. De ser
así, se abriría un camino hacia delante, sobre todo
si se produce un más amplio proceso de negociaciones
en el cual se logren mayores concesiones mutuas.
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