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Proponen convención internacional indígena |
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Por Baltasar Garzón*
El reconocimiento y la protección internacionales son una alternativa viable para proteger a unos 40 millones de indígenas asediados por la injusticia, la pobreza y la privación de sus derechos, argumenta el conocido juez español.
MADRID.- Los pueblos indígenas de todo el mundo y en especial los de América Latina han sufrido una privación reiterada y constante de sus derechos más elementales: la vida, la libertad, la dignidad.
Los indígenas no han sido tomados en cuenta en los planes de desarrollo de los Estados. Más bien han sido considerados un obstáculo.
En Iberoamérica la población indígena se calcula en unos 40 millones de personas pertenecientes a 400 grupos étnicos, 80 por ciento de ellos en extrema pobreza motivada en gran medida por cuestiones de raza.
No es retórico reiterar que esta injusticia deriva del mismo sistema colonial que casi sin excepción fue asumido por los nuevos Estados latinoamericanos.
Todos quienes tenían una identidad propia y milenaria pasaron a ser víctimas de la integración nacional, de un proceso de mera absorción que por lo general no ha respetado la diversidad.
Algunas de estas políticas seudo-indigenistas han estado guiadas por oscuros intereses económicos multinacionales que tienen como fin la explotación de los recursos naturales.
Sólo la presión, incluso la sublevación de las comunidades y de los movimientos indígenas ha hecho que ese planteamiento cambie y se dulcifique.
Quizás, la única posibilidad de subsistencia de los pueblos indígenas va de la mano del reconocimiento y protección internacionales. Es decir, cada país tiene obligaciones respecto a las etnias o grupos con identidad cultural, lingüística, política y económica propias.
La creación de la Comunidad Internacional de los Pueblos constituye un gran reto para la humanidad, si queremos mantener y proteger la identidad y los derechos de unas nacionalidades que no tienen posibilidad de subsistir sin un adecuado sistema de protección individual y colectivo.
Por eso es esencial la aprobación, ratificación y cumplimiento de una convención de las comunidades indígenas del planeta, que incluya todos los derechos que las amparen y todas las obligaciones de la comunidad internacional y de cada país hacia ellas.
Una comunidad internacional que condena la matanza del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos no puede permanecer silente ante ataques contra ciudadanos indefensos en Afganistán, matanzas de indígenas en Colombia o Guatemala, persecuciones en México o la negación de derechos en Ecuador. Si ignoramos los hechos, no merecemos respeto y convivimos con una farsa.
Pero no basta con denunciar esta doble moral del "todo vale", que por una parte proclama la solidaridad y por otra consiente el despilfarro y la rapiña de la ayuda internacional. Hay que hacer algo positivo para cambiar las cosas, cada uno desde nuestros puestos y responsabilidades.
Quizás la fuerza de la palabra, de la acción dinámica contra la corrupción y la desidia de los que gobiernan y la denuncia y persecución de los que masacran, torturan o desprecian la vida en una comunidad universal puedan ser los componentes del camino para recuperar la dignidad sustraída.
Un camino por el que merece la pena transitar y que pasa, en el caso de los indígenas, por:
-Derecho a su propia identidad cultural, tanto individual como colectiva.
-Derecho a la tierra y al territorio, generando sus propias normas de control, regulación y respeto.
-Derecho a una organización social y a costumbre jurídica. Es decir, el respeto al derecho consuetudinario y a la resolución de sus conflictos dentro de esas normas de uso y por sus autoridades tradicionales.
-Derecho a la participación política en las decisiones estatales.
Pero, sobre todas las cosas, el motor de los pueblos indígenas es su lucha pacífica y permanente por ser reconocidos, aceptados y respetados como el resto de seres humanos. No parece que esto sea mucho pedir.
(Copyright IPS)
* El autor es juez español, fundador y presidente de honor de la Fundación Iberoamericana de Artistas e Intelectuales por los Pueblos Indígenas y candidato al Premio Nóbel de la Paz este año.
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