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Las ONG en la mira de Bush

Por Mark Sommer *

Contra una nueva arremetida de la Casa Blanca, las organizaciones no gubernamentales deben enfrentar sus propios retos para ganar más legitimidad, considera el autor de esta columna exclusiva para Tierramérica.

BERKELEY.- El gobierno de George W. Bush y sus asesores del American Enterprise Institute -a los que el pueblo no eligió- han abierto un nuevo frente en la vacilante guerra contra el terrorismo al lanzar un ataque concertado contra las organizaciones no gubernamentales (ONG), a las que atribuyen atentar contra la soberanía nacional, debilitar el poder empresarial y obstaculizar la libertad de acción de Estados Unidos
en los negocios mundiales.

Este esfuerzo público por desacreditar a las ONG toma la forma de una nueva iniciativa, el llamado NGO Watch, y de un sitio en internet asociado a la misma (www.ngowatch.org) que busca revelar públicamente la financiación, las operaciones y las agendas de las ONG internacionales.

Estos críticos de las ONG expresan una particular preocupación por la creciente cooperación entre algunas corporaciones empresariales y grupos de ciudadanos, por ejemplo cuando firmas importantes como Mac Donald´s y Starbucks, bajo la amenaza de boicots, negocian con aquellos para adoptar políticas más respetuosas del ambiente.

Se muestran igualmente suspicaces ante la ayuda exterior de Estados Unidos a través de algunas ONG como Oxfam y CARE, cuyo dinamismo consideran perjudicial para los intereses de la súper potencia.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés), el brazo del gobierno estadounidense encargado de la ayuda exterior, se está volcando cada vez más hacia las empresas en lugar de las ONG para cumplir con sus contratos de servicio.

Viniendo como viene de expertos con acceso exclusivo a la Oficina Oval de la Casa Blanca, este asalto orquestado contra la influencia de las ONG es visto con seria preocupación.

Aunque las ONG han proliferado a lo largo y ancho del mundo durante las últimas décadas, la mayoría está insuficientemente financiada y existe una limitada coordinación entre ellas, así como escaso sentido de cómo proyectar sus mensajes hacia sectores más amplios.

Las ONG han cuestionado la legitimidad del gobierno de Bush y de sus patrocinadores empresariales, pero necesitan enfrentar aún el desafío de establecer su propia legitimidad como representantes de un público más amplio.

Las ONG se han situado generalmente a sí mismas en posiciones de liderazgo cívico. Se trata de un admirable impulso, pero es difícil reivindicar que estén representando a la sociedad entera o a todas las criaturas vivientes, como a menudo lo dicen, dado que nadie les ha pedido que lo hagan.

Abandonar su lealtad a una autoridad que se considera ilegítima es una estrategia efectiva para quitar legitimidad al poder. Pero es sólo una estrategia a la mitad.

Forjar causas comunes con otros para decretar los cambios que buscamos completaría el círculo al afirmar nuestra capacidad de gobernarnos a nosotros mismos.

Según encuestas encargadas por el sector empresarial, las ONG gozan actualmente de un nivel de credibilidad más alto que el de los gobiernos o las grandes corporaciones.

Pero las ONG sólo podrán oponerse a los esfuerzos concertados para desacreditarlas si responden a esos ataques con una estrategia que, además de contestar algunos aspectos de
las críticas, también signifique el firme mantenimiento de sus principios básicos.

Lo que el gobierno Bush y sus aliados pueden hallar más amenazante en la influencia de las ONG es que sus actividades ya no se confinan a la protesta, sino que también han empezado a tomar la forma de negociaciones y de cooperación limitada con empresas y gobiernos que buscan promover políticas más sustentables.

La concreción de compromisos constructivos hechos con los ojos bien abiertos puede ser el medio más efectivo de las ONG para desarmar a sus oponentes y alcanzar resultados que
beneficien tanto a las empresas y a los gobiernos que cooperan con ellas
como a los vastos sectores de la sociedad a los que afirman servir.

* El autor dirige el Mainstream Media Project, con sede en Estados Unidos, y conduce un premiado programa de radio llamado




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Crédito: Fabricio Van den Broeck
 
Crédito: Fabricio Van den Broeck