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El Foro Social Mundial, un símbolo de esperanza

Por Cándido Grzybowski *

Somos legítimos activistas de la emergente ciudadanía planetaria, pero sólo somos su élite, escribe en esta columna exclusiva para Tierramérica Cándido Grzybowski , miembro del secretariado internacional del Foro Social Mundial.
La quinta edición del Foro tendrá lugar entre el 26 y 31 de este mes en Porto Alegre, Brasil.

RIO DE JANEIRO.- Considero que el Foro Social Mundial (FSM) es un granero de alternativas. Pero más importa observar el proceso en el que generamos esas alternativas, por medio del cotejo y la discusión, que las alternativas en sí mismas.

El Foro es una plaza pública, un espacio abierto para el encuentro de ciudadanos en condiciones de igualdad, un lugar de información y de debate, de alegría y pasión, un ámbito original de invención y de práctica de la democracia.

Basta participar en el Foro para sentir que su energía conecta a las personas más diversas, cargando baterías de esperanza. El FSM permite la renovación de las ideas y fortalece la voluntad colectiva, con colorido y vibración lleva a cada uno y cada una a confiar en su propia capacidad, nos hace valorizar nuestras experiencias y conocimientos.

Por lo que digo y escribo resultará evidente que juzgo al FSM como un experimento político e intelectual renovador, capaz de inspirar sueños y voluntades ante la grave crisis producida por el capitalismo globalizado.

Es que el FSM contiene la posibilidad de innovar las prácticas y los modos de pensar, contribuyendo a la formación de una nueva cultura política de transformación social radicalmente democrática, con propuestas efectivas para construir otros mundos.

Pero esto no me impide reconocer los monumentales desafíos que tenemos por delante para, responsable y consecuentemente, inducir al Foro a fermentar las ideas y procesos que contiene.

La globalización dominante impone patrones homogéneos de vida y cultura, destruye, excluye, concentra. Respondemos con la afirmación de la igualdad en la diversidad, el derecho de inclusión de todos y de todas, que todos los derechos humanos son para todos los seres humanos, con el respeto al patrimonio común de la vida, el planeta Tierra.

La reunión del FSM el año pasado en la India nos dio universalidad, pero el universo es mucho más grande y más diverso. Iremos a África en el 2007, eso es fundamental. Pero, ¿cómo quedan las otras regiones y culturas? ¿Qué decir de Europa Oriental, de Asia profunda, del Caribe, de Centroamérica y del Mundo Árabe?

Reafirmo aquí lo que muestran los datos sobre nuestro perfil: somos legítimos activistas de la emergente ciudadanía planetaria, pero sólo somos su élite. Los representantes de los sectores populares son una minoría en nuestras reuniones. ¿Cómo encarar este desafío con la necesaria radicalidad y urgencia?

Debemos ser capaces de movilizar más allá de las barreras geográficas, sociales y culturales. Debemos desarrollar modos de inclusión activa de los invisibles en el interior de nuestros pueblos, pues ellos carecen de organización y de recursos para participar. Tenemos que reconocer cuán lejos estamos aún de expresar la diversidad de la sociedad civil mundial y de sus integrantes.

El FSM innova al sostener la primacía de la política en la vida humana y no la de los mercados. Por ello el Foro es un proceso y un espacio de innovación democrática que estimula a los diferentes sujetos sociales a participar y a imponer su voluntad sobre el poder estatal, las instituciones multilaterales, las corporaciones y los mercados.

Al mismo tiempo el FSM precisa alimentarse más y más de la fuerza de sus participantes, sacando partido de la diversidad y la pluralidad que consigue congregar. Esto significa ir más allá del radical pero pasivo respeto de las actividades autogestionadas, como aún estamos haciendo en el FSM 2005.

Implica radicalizar la democracia interna para que lo diferente sea transformado en diverso, la mera yuxtaposición, la repetición y la confusión de múltiples actividades -más de dos mil 500- en reconocimiento de todos y de todas.

Tenemos que actuar democrática y activamente, con respeto al conjunto de las personas, buscando construir la verdadera diversidad, superando "dominios", guetos y protagonismos, de manera que las visiones y los análisis plurales alcancen consensos posibles y disentimientos dinamizadores de la propia democracia que obligan a nuevas búsquedas conjuntas.

Al FSM no le compete la definición de un proyecto y una estrategia a seguir por todos. En esto todos estamos de acuerdo. Sólo puede ser un espacio abierto de pensamiento estratégico y orientado a la acción transformadora, que deja a cada sujeto la decisión sobre qué hacer, cómo y con quién, según sus posibilidades, condiciones y deseos.

Por otra parte, nos falta un poco de osadía. Hemos despertado una enorme esperanza en el mundo. El FSM es hoy un símbolo de esperanza. No rompamos el encanto, la utopía. Esto también es política.

Hemos asumido el desafío de rehacer el mundo en escala humana, para todos los seres humanos. Debemos contribuir a la gestación de nuevas agendas. Y no debemos permitir que guerreros y terroristas, operadores de mercado y dueños de corporaciones, con sus fundamentalismos, dicten las prioridades a la humanidad. Tenemos que proponer alternativas. Las soluciones que iremos encontrando serán, necesariamente, provisionales, temporáneas y localizadas. Pero seamos suficientemente osados para que sean las soluciones posibles en cada lugar.

Necesitamos una agenda que abarque, aquí y ahora, el mundo y la humanidad, en el mayor respeto, pero sin miedo de arriesgar y sin pretender imponer nada. La construcción colectiva sin modelos o soluciones únicas conlleva el radical respeto de lo incompleto, lo diverso y lo plural, pero también una búsqueda constante.

* Sociólogo, director del Instituto Brasileño de Análisis Social y Económico (Ibase) y miembro del secretariado internacional del Foro Social Mundial. Derechos reservados IPS.




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