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Tomará 60 años restaurar el ozono en el Polo Sur |
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Por Stephen Leahy *
La
capa de ozono se está recuperando en casi todo el planeta, pero
en la Antártida el proceso demorará hasta el año 2065. “No hay que
bajar la guardia”, dice el Pnuma, la autoridad ambiental global.
TORONTO, 18 sep (Tierramérica).- Otro gigante
agujero de ozono se abrió sobre la Antártida, mientras crece la
evidencia de que 20 años de esfuerzos internacionales finalmente
ayudaron a la atmósfera a comenzar a sanarse.
El hueco del Polo Sur --un afinamiento anual de la capa de ozono
que protege a la Tierra de la radiación ultravioleta del sol-- midió
el 8 de septiembre unos 24 millones de kilómetros cuadrados, casi
el tamaño de América del Norte, según una estimación del renombrado
Estudio Antártico Británico, organismo científico que estudia la
zona hace 60 años.
Y la gubernamental División Antártica Australiana sostuvo que el
hoyo no hará más que crecer este año, hasta convertirse probablemente
en uno de los más grandes y profundos, con 28 millones de kilómetros
cuadrados. El más extenso jamás registrado fue de 30,3 millones
de kilómetros cuadrados en el año 2000.
Pero al tiempo que crece el hoyo aumenta la evidencia de que la
capa de ozono finalmente está comenzando a recuperarse encima de
las latitudes medias en ambos hemisferios, según lo reportó el estadounidense
Instituto de Tecnología de Georgia.
"Sabemos por el estudio que acabamos de publicar que el Protocolo
de Montreal (1987), primer acuerdo global importante vinculado al
cambio climático, está funcionando", anunció el 9 de septiembre
Derek Cunnold, científico del instituto.
El Protocolo de Montreal, firmado por 184 naciones, fue diseñado
para hacer volver la capa de ozono a la normalidad, eliminando paulatinamente
el uso de clorofluorocarbonos y otro centenar de productos químicos
que destruyen las moléculas del ozono atmosférico.
La capa de ozono cubre a todo el planeta a una altitud de entre
15 y 30 kilómetros, y protege a organismos vivos de los dañinos
rayos ultravioletas.
A mediados de agosto, la Organización Meteorológica Mundial y el
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) difundieron
un estudio de 250 científicos atmosféricos quienes coincidieron
en que la capa de ozono se está recuperando, aunque mucho más lentamente
de lo que se creía.
La capa volverá a niveles previos a 1980 en la mayor parte del mundo
para 2049, cinco años después de lo que se estimaba en 2002. En
la Antártida la recuperación será más lenta, probablemente no antes
de 2065, según el reporte.
"La demorada recuperación es una advertencia de que no podemos dar
por sentada la capa de ozono y debemos acelerar nuestros esfuerzos
para retirar paulatinamente los productos químicos perjudiciales",
dijo Achim Steiner, director ejecutivo del Pnuma, con ocasión del
Día Mundial de la Preservación de la Capa de Ozono, que se celebra
cada 16 de septiembre.
El constante ensanchamiento del agujero en el Polo Sur preocupa,
así como la ineficacia en el control de las sustancias agotadoras
del ozono.
"No hay ninguna razón para celebrar. El agujero de la Antártida
está tan grande como siempre y la Tierra está expuesta a una radiación
ultravioleta sin precedentes", dijo a Tierramérica Alexander von
Bismarck, de la no gubernamental Agencia de Investigación Ambiental
(EIA, son sus siglas en inglés), con sedes en Washington y Londres.
"Todavía no conocemos los impactos completos de esta exposición",
señaló el especialista, y se mostró "muy seriamente preocupado por
los obstáculos que hay por delante, entre ellos el contrabando de
productos químicos".
La EIA realizó investigaciones encubiertas sobre la venta ilegal
de grandes cantidades de clorofluorocarbonos, principalmente desde
China a Estados Unidos y otros países.
China prometió investigar el tema luego que este año la EIA proporcionó
evidencia en vídeo que mostraba a funcionarios de una empresa química
china explicando cómo etiquetan mal y subdeclaran productos para
exportar a países donde están prohibidos, dijo Von Bismarck.
"Claramente es muy difícil controlar la producción de clorofluorocarbonos
en China", agregó.
Los países en desarrollo deben reducir los clorofluorocarbonos para
el año 2010.
Además del contrabando, inquieta la “exención de uso crítico” de
algunos productos que prevé el Protocolo, como la del temido pesticida
bromuro de metilo.
En 2005, Estados Unidos presionó furiosamente para conseguir esa
exención para el uso de casi 10 millones de kilogramos de bromuro
de metilo --mucho más que todo el resto del mundo--, y lo consiguió.
Este año, Estados Unidos tiene permitido usar y fabricar ocho millones
de kilogramos.
"El uso estadounidense de bromuro de metilo tendrá un mayor impacto
en la capa de ozono que todos los clorofluorocarbonos producidos
en el resto del planeta”, aseguró Von Bismarck.
El Protocolo de Montreal es considerado uno de los tratados ambientales
internacionales más exitosos, en parte porque el mundo actuó rápidamente
para reducir los clorofluorocarbonos y se hallaron productos químicos
más amigables con el ozono: los hidroclorofluorocarbonos (HCFC)
y los hidrofluorocarbonos (HFC).
Pero aunque estos destruyen menos ozono, son gases invernadero (causantes
del cambio climático) extremadamente potentes, de mil a 10 mil veces
peores que el dióxido de carbono.
Los hidroclorofluorocarbonos, más conocidos como refrigerantes R-22,
son usados en prácticamente todos los hogares, automóviles y sistemas
de aire acondicionado. Su producción se disparó mundialmente, en
especial en China, según Von Bismarck.
A este ritmo, "dentro de 10 años el impacto de las emisiones mundiales
de los HCFC y los HFC sobre el calentamiento global competirá con
las emisiones totales de gases de efecto invernadero de toda la
Unión Europea", vaticinó.
Un informe de la EIA estima que, para 2015, los HFCFC y los HFC
agregarán a la atmósfera el equivalente a tres mil millones de toneladas
de dióxido de carbono, el doble o el triple de todas las reducciones
estipuladas por el Protocolo de Kyoto.
Los hidroclorofluorocarbonos no serán reducidos hasta 2040.
* Colaborador de Tierramérica. |