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¿Energía más limpia o más eficiente? |
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Por Stephen Leahy *
Para
controlar el cambio climático no basta con producir energía de fuentes
alternativas, sino que urge consumir menos, advierten expertos.
TORONTO, 23 oct (IPS/IFEJ).- Las crecientes
demandas mundiales de energía aumentan peligrosamente las emisiones
de gases de efecto invernadero y aunque hay nuevas inversiones en
fuentes "limpias", se están ignorando tecnologías ya existentes
para reducir el consumo energético.
La energía es crucial para el desarrollo económico en un mundo donde
alrededor de mil 600 millones de personas carecen de acceso a la
electricidad.
Mientras medios y gobiernos se centraron en surtirse de modo más
verde y limpio --con biocombustibles, viento, sol e hidrógeno--,
importantes mejoras en la eficiencia energética podrían reducir
drásticamente las emisiones de gases invernadero, ahorrar dinero
y proporcionar un espacio necesario para mejorar y desarrollar nuevas
fuentes de energía.
Algunos científicos estiman que, para evitar el peligroso cambio
climático, las emisiones mundiales de gases invernadero tienen que
ser reducidas en alrededor de 60 por ciento (en relación a los valores
de hoy) para 2050.
Se proyecta que la demanda mundial de energía aumente 50 por ciento
de aquí a 2030, y que eso haga crecer 52 por ciento las emisiones
de dióxido de carbono relacionadas con la energía, informó la Agencia
Internacional de Energía en su Panorama mundial de energía 2005,
considerado el informe definitivo sobre energía global.
Ese camino energético es insostenible, advierte la Agencia, exigiendo
cambios mayores. "La necesidad de reducir notoriamente las emisiones
de gases invernadero significa una revisión drástica de cómo producimos
energía", dijo Christopher Flavin, presidente del no gubernamental
Instituto Worldwatch, una organización ambiental estadounidense.
"Estamos enfrentando la mayor transformación económica desde la
Revolución Industrial. Pocas personas fueron capaces de dimensionar
el alcance y la amplitud de los cambios", declaró Flavin al ser
entrevistado.
Será necesario hallar, a escala masiva, maneras alternativas de
generar energía con poca o ninguna emisión de dióxido de carbono,
mejorar la eficiencia y usar menos energía en general.
”Esto está comenzando a ocurrir en términos de energía eólica, solar
y de biocombustibles, que crecen en una proporción de dos dígitos
y ahora generan cerca de 10 por ciento de la energía mundial”, dijo
Flavin.
Sin embargo, la eficiencia energética en América del Norte fue postergada
desde la crisis petrolera de los años 70. La Unión Europea es una
excepción: allí, incluso antiguos edificios de apartamentos son
iluminados por luces compactas fluorescentes de bajo consumo, equipadas
con detectores de movimiento o temporizadores para encenderse solamente
cuando es necesario.
Por contraste, las luces están prendidas las 24 horas, todos los
días de la semana, en corredores y escaleras, así como oficinas
y almacenes de toda América del Norte. Este otoño boreal, los países
de la Unión Europea, que en materia energética ya son el doble de
eficientes que Estados Unidos o Canadá, anunciaron un plan de acción
para reducir otro 20 por ciento las necesidades de consumo para
2020.
"Es más fácil y más barato mejorar la eficiencia energética que
producir más energía", aseguró Nathan Glasgow, consultante del Instituto
Rocky Mountain, con sede en el central estado estadounidense de
Colorado.
Las oportunidades de mejorar la eficiencia energética son casi infinitas,
dijo Glasgow en una entrevista. El Instituto, presidido por el gurú
energético Amory Lovins, diseñó programas para grandes y pequeñas
empresas que disminuyeron drásticamente el uso de energía y ahorraron
miles de millones de dólares.
Convertir carbón en una central eléctrica estadounidense en energía
que enciende una lámpara incandescente tiene una eficiencia de apenas
tres por ciento, según investigaciones del Instituto Rocky Mountain.
Las plantas eléctricas alimentadas a carbón gastan 70 por ciento
de la energía que generan en forma de calor y las líneas de transmisión
pierden otro 10 por ciento.
El calor residual de centrales estadounidenses que funcionan con
carbón equivale a 20 por ciento más de energía que la que usa Japón
para todo, escribió Lovins.
Tales ineficiencias representan cientos de miles de millones de
dólares en Estados Unidos y más de un billón anual globalmente.
Pero los gobiernos prefieren centrarse en construir nuevas centrales
eléctricas o invertir en nuevas tecnologías, como las celdas de
combustible de hidrógeno, pese a que ya existen herramientas para
hacer mejoras más notorias en la eficiencia energética, según Glasgow.
La lámpara compacta fluorescente es una de ellas. Utiliza entre
70 y 80 por ciento menos de electricidad y dura de 10 a 13 veces
más que una incandescente, y cuesta entre dos y cinco dólares.
"Se usan más lámparas fluorescentes en China que en Estados Unidos",
afirmó Flavin.
India, China y otros países enfrentan un mundo muy diferente a medida
que se industrializan, en el que hay menos petróleo y una necesidad
de reducir la contaminación y las emisiones de gases invernadero,
dijo.
"Ellos saben que su camino de desarrollo será diferente y que podría
generar un salto adelante en la creación y adopción de nuevas tecnologías",
agregó.
Ese camino significa usar menos energía mientras continúan creciendo
económicamente, explicó Stephan Barg, alto consejero corporativo
del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, con sede
en la meridional ciudad canadiense de Winnipeg.
"La eficiencia no tiene que ver con hacer menos sino con obtener
los servicios que queremos con menos energía", dijo Barg al ser
entrevistado.
Irónicamente, Estados Unidos y Canadá pueden tener más problemas
en hacer este ajuste que los países en desarrollo. "El modo como
hemos organizado nuestras ciudades en América del Norte, con una
expansión urbana insostenible, dificulta las mejoras en materia
de eficiencia energética".
Durante la crisis de los años 70, Estados Unidos y Canadá desarrollaron
fuertes programas de eficiencia energética, pero la mayoría cayó
en desuso, expresó.
El gobierno de Canadá financió el desarrollo de un diseño de hogares
energéticamente supereficientes en los años 70, llamados R-2000.
Pero solamente unos miles fueron construidos, porque cuestan cinco
por ciento más.
"Si Canadá hubiera adoptado el R-2000 como estándar de construcción
para hogares, seríamos un país mucho más eficiente en materia de
energía", aseguró.
Hasta ahora, los actuales gobiernos de Estados Unidos y Canadá se
negaron a ordenar estándares más elevados en este sentido o a establecer
políticas nacionales de eficiencia energética, como hicieron los
países europeos.
La humanidad responde a crisis urgentes pero ignora las de largo
plazo, dijo Barg. "Con el cambio climático estamos llegando a una
crisis global. La pregunta clave es si seremos capaces de responder
a tiempo".
"Los políticos y el público no comprenden la urgencia del problema
del cambio climático", se lamentó.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida por IPS (Inter Press Service) e
IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas
Ambientales). |