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Una alianza hemisférica La naturaleza no perdona Por Al Gore WASHINGTON. Estados Unidos y América Latina no podrán ser administradores responsables de la libertad si no lo son también de la tierra, el aire y el agua del continente que comparten. Para respaldar el desarrollo de la democracia es necesario fomentar el desarrollo sostenible de los recursos naturales que, en definitiva, nutren las libertades. El nuevo peligro que enfrentamos hoy es la amenaza a la salud y al bienestar de nuestro planeta, así como el riesgo de que no dejemos a las próximas generaciones suficientes recursos para su sustento. Hoy nos damos cuenta de que los cambios en curso en el ambiente terrestre pueden conducir a las más catastróficas pérdidas de vidas, bienes e ingresos. Debemos recordar el vínculo existente entre el ambiente y la seguridad nacional. Fenómenos ambientales como las inundaciones y las sequías, que reducen la cantidad de tierra arable, provocan a menudo desastres humanos: hambre, enfermedad, emigración hacia áreas urbanas ya superpobladas y, en el peor de los casos, conflictos armados a causa de los recursos cada vez más limitados. Hemos sido recientemente testigos de los resultados de tales tensiones en Africa (el Sahel, Ruanda y Somalia) y en América Latina (El Salvador y Honduras). Asimismo, si la temperatura del planeta se eleva de tal modo que provoque deshielos y, en consecuencia, un aumento del nivel de los mares, las naciones insulares del Pacífico Sur y del Caribe podrían desaparecer completamente, mientras que enteras zonas continentales costeras productivas podrían perderse a lo largo y ancho del mundo. La revolución científica y tecnológica ha traído, junto con sus muchas bendiciones y amplias mejoras en la calidad de vida, algunos indeseables efectos colaterales. Las nuevas herramientas han magnificado de tal manera la capacidad del ser humano, que actividades antes benignas causan ahora un impacto mucho más amplio y a menudo nocivo en el ambiente. Pienso que son absurdos los argumentos de quienes sostienen que la actual situación es perfectamente aceptable. Es un hecho que 8 de los 10 años con temperaturas más altas que se recuerdan en la historia se han registrado a partir de 1980 , y que se asiste a un retiro de los glaciares montañosos en todo el mundo en una medida nunca antes alcanzada en tiempos históricos. Estos son ejemplos de cómo las nuevas capacidades tecnológicas tienen un efecto sobre el ambiente del planeta, y cómo influyen en la transformación de la relación básica entre la civilización humana y la Tierra. Nuestros abuelos se sorprenderían por nuestras actitudes de hoy. Se asustarían ante la indiferente tranquilidad con la que muchos dan por descontadas las graves consecuencias que sufrirán las futuras generaciones. Para empezar, es necesario encontrar vías para estabilizar el crecimiento demográfico. Debemos también desarrollar una nueva generación de tecnologías que continúe elevando el nivel de vida sin causar los actuales efectos colaterales para el medio ambiente. Uno de los caminos para hacer efectivas nuestras reflexiones es el de adoptar métodos de cálculo del valor económico de las opciones que encaramos y de las decisiones que tomamos. Nuestro habitual sistema para medir los valores económicos deja muchas veces de lado algunas cosas muy importantes para la gente. Por ejemplo, el capital humano no siempre se mide fielmente. En el Producto Interno Bruto (Pib) no incluimos importantes valores contenidos en la naturaleza o que son el resultado de nuestro sistema educativo o del trabajo de las madres que inculcan valores y dan lecciones de vida a los niños que están criando. Y eso es un error. Si realmente nos importan las consecuencias futuras de lo que hacemos ahora, precisamos encontrar caminos para tener en cuenta esos importantes valores más difíciles de monetizar que los actualmente incorporados en el Pib. Nuestras naciones confían en que los expertos nos ayuden a dirigirnos hacia una era de sabia administración ambiental. Las opciones son tan ilimitadas como las herramientas y los datos técnicos de que disponemos para ayudar a construir un futuro sostenible para las próximas generaciones. Sabemos que los desafíos que enfrenta nuestro ambiente son sobrecogedores y de enormes proporciones. Pero si nos unimos contra una amenaza común, los ideales que nos unen serán mucho más grandes que las cuestiones que nos dividen y nos ayudarán a ganar la batalla. * El autor es vicepresidente de Estados Unidos de América. Próximo artículo:
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