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El camino de la dignidad

Por Marcus Terena


Brasilia.– Hace muchos años, cuando los hombres ávidos de nuevas conquistas preparaban sus armas y barcos para iniciar la travesía de las grandes aguas, los primeros habitantes de esas tierras, nuestros antepasados, caminaban por extensos territorios donde el pájaro cantaba a la libertad, a la paz y a la autonomía, donde la riqueza natural hacía de nuestro pueblo símbolo de equilibrio espiritual y material entre el hombre, el gran creador y la naturaleza.

Pero cuando llegó el hombre blanco, nuestros antepasados tuvieron que huir, pues la ambición de aquella nueva civilización nos consideraba pueblos salvajes, obstáculos para el desarrollo de su riqueza. Nos robaron todo. Nada fue respetado, principalmente nuestra voz, y por eso, por largos 500 años, fuimos los grandes mudos de la historia.

Ahora, cuando nos aproximamos al final del milenio, ahora que aprendimos el código de la civilización del hombre blanco, descubrimos que él todavía no aprendió a dominar su ambición. El continúa sangrando a la madre tierra, contaminando las aguas y hasta los cielos con sus desechos.

Nuestros cuatro cantos de la Tierra –en Africa, América, Asia, Oceanía y Europa– rinden sus homenajes al gran creador. Hay esperanza, fe y coraje en relación a la vida futura. Nuestros líderes jamás bajaron la cabeza. Con ellos aprendemos que esa fuerza es la fuerza del equilibrio de la Tierra, del medio ambiente y del propio hombre. Cuando miramos hacia atrás, lamentamos la pérdida de muchas tierras, alimentadas por la sangre y por los cuerpos de nuestros muertos. Lloramos, mas no podemos vivir del pasado. Con nuestra sabiduría, tradiciones y lenguas, debemos caminar en dirección al futuro, sobre los pasos de nuestros antepasados. Estamos construyendo nuestro propio camino. El camino de la paz entre los diferentes, el camino de la dignidad. Queremos ser respetados como pueblos que durante todos estos siglos fueron los grandes guardianes del patrimonio ecológico que todavía existe en la Tierra. Pero ahora ya no podemos andar solos. Buscamos una nueva alianza con el hombre blanco.

Una flecha fue tirada en dirección al hombre blanco, una flecha hecha de amor y solidaridad para alcanzar el corazón de todo hombre blanco, como esperanza de un nuevo tiempo. Tiempo de derrumbar un muro discriminatorio que nos separó durante siglos y que nos impedía hablarnos y escucharnos. Queremos hablar como indios, con la voz de la tierra, la voz del equilibrio material y espiritual del hombre, la voz de la verdadera América.

 

* El autor es brasileño, líder indígena yanomami.

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