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Un gesto de amor político Por Paulo Arns Los derechos de los empobrecidos exigen que todos, y en particular las iglesias cristianas, ofrezcan el vigor del Evangelio en favor de la vida de tantos menores y jóvenes crucificados Sao Paulo. Frente al proceso de globalización económica, ¿podemos hablar de la democratización del empleo? ¿Quién producirá "nuestro pan de cada día" si la solidaridad es reemplazada por la competitividad? ¿Tiene la globalización a la ética como criterio? La cuestión política del empleo de millones de latinoamericanos es hoy emblemática. Asunto crucial para presidentes, ministros y millares de jóvenes y adultos, el desempleo genera crisis locales y migraciones internacionales masivas. Para los jóvenes, se torna un tema estratégico de cara al futuro, pues si no se resuelve, es puerta abierta para las bandas, las drogas y la violencia urbana. En cambio, los adultos mayores de 40 años sean profesionales de alta o baja calificación son descartados por las nuevas tecnologías y están condenados a permanecer invisibles. Se trata de una situación explosiva en la próxima década. Frente a estas sombrías perspectivas, nos preguntamos: ¿habrá o no empleo para las mayorías? Diversos obstáculos ideológicos, creados por el discurso actual de los gobiernos latinoamericanos, han impedido el debate sobre estas cuestiones vitales. Pretenden hacernos creer que la exclusión es inevitable y hasta natural. Culpabilizan a los pobres y miserables por su miseria, alimentando el fatalismo. Transforman a las masas de desempleados tecnológicos en Prometeos castigados por seres superiores. En la receta neoliberal, lo que importa es el mercado. Equivale en lenguaje religioso a colocarnos de rodillas delante de las "leyes invisibles de la economía", que serían "divinas". El ajuste monetario se presenta como la inmortalidad de los productos y de su calidad. No son más los seres humanos y sus condiciones de salud y de educación las que cuentan. La ética es excluida del debate social. Pero es urgente remitirnos a las cuestiones morales de la economía. Es necesario que hablemos de pecado, de justicia y de los fundamentos éticos de las relaciones económicas. La ética adquiere actualidad hoy como nunca antes. Es preciso superar el comportamiento alienado que mantiene a millones de trabajadores marginados de las decisiones y del usufructo de los bienes producidos por ellos mismos. Es preciso construir una economía con corazón, decidida por los que trabajan y por los excluidos del trabajo, y no sólo por las leyes invisibles del mercado y las bolsas de valores. El capital migratorio, llamado "golondrina", debe ser controlado por un grupo ético mundial y no por los mecanismos de acumulación y de lucro. Debemos desechar las tecnologías que excluyen, someten y dañan a las personas y al medio ambiente. La biodiversidad y la biocomplementariedad son ejes imprescindibles del futuro continental que soñamos. Creemos que podemos, a través de la ética, recrear una Patria Grande, solidaria y plural, si enfrentamos los problemas de las mayorías y no los caprichos de unos pocos en el poder. La gran misión de los ciudadanos concientes de América debe ser salvar las vidas, las culturas y los cuerpos heridos. Esto exige actitudes solidarias y audaces de caridad organizada, pues millones de seres humanos dependen de un gesto de amor político. Hoy, los derechos de los empobrecidos exigen que todos y, en particular las iglesias cristianas, ofrezcan su voz, sus espacios religiosos y el vigor del Evangelio en favor de la vida de tantos menores y jóvenes crucificados. En cada niño de la calle, en cualquier lugar de este planeta, vemos la imagen única e inconfundible de Dios. En este fin del milenio, debemos respetar más las culturas locales. Los americanos del Norte y del Sur debemos unirnos por la solidaridad, el compartir de los bienes, la democratización del trabajo y el respeto mutuo de las diferencias regionales. Debemos defender la mundialización de la ética. Como dice nuestro profético obispo de San Félix de Araguaia, Pedro Casaldáliga, "queremos la mundialización de la paz, de la solidaridad, y no del sistema neoliberal que excluye y mata culturas, personas y utopías".
* El autor es brasileño, Arzobispo Metropolitano de Sao Paulo, Brasil. Próximo artículo:
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