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Banco Mundial: Las personas primero

Por Ismail Serageldin

En Río, aprendimos sobre nuestra interdependencia como pasajeros de la nave Tierra y comenzamos a definir las responsabilidades que tenemos entre nosotros mismos, con las futuras generaciones y con el planeta.

Durante la Cumbre de la Tierra, la gente dijo basta a la contaminación del aire, basta a la contaminación de las aguas, basta a la contaminación de los suelos. Problemas que suelen ir acompañados por indescriptible degradación humana.

Desde el punto de vista del Banco Mundial, esto no sólo se traduce en términos de la protección de prístinos entornos y la conservación de exóticas orquídeas. Para nosotros, es una cuestión que tiene que ver mucho más con las personas. Se trata de reconocer la necesidad de dar a los individuos derechos a un aire limpio, al agua limpia y a suelos fértiles.

Actualmente, se niega esos derechos a una vasta porción de la humanidad: mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, mil millones de personas no tienen acceso a agua limpia y 1.7 mil millones de personas carecen de servicios sanitarios.

La agenda de acción del Banco Mundial tiene un hilo conductor, el concepto de desarrollo sostenible, expresado en un triángulo de tres aristas: económica, ecológica y social.

Cualquier actividad debe ser económica y financieramente sostenible en términos de crecimiento, mantenimiento de capital y eficiencia en el uso de recursos y de inversiones.

Pero tiene que ser también ecológicamente sostenible y aquí nos referimos a la integridad de los ecosistemas, la protección de especies, de la biodiversidad, de los recursos.

Este es el dominio del biólogo, del físico y del químico, no tanto del economista o del financista. Las unidades de medida son diferentes, las construcciones son distintas, el razonamiento también lo es.

Pero el triángulo estaría incompleto sin el ámbito social. Nos referimos a la equidad, movilidad social, participación, cohesión social, identidad cultural y desarrollo institucional.

Tomar en cuenta la dimensión social se traduce, sobre todo, en poner a las personas primero, es decir, de dotarlas de poder de toma de decisiones.

No se trata de una noción abstracta: significa llegar a los pobres y a los marginados de la sociedad, darles la oportunidad de hacerse cargo de su propio futuro, de su destino. ¿Cómo hacerlo? Es clave fortalecer a la sociedad civil, para promover la gobernabilidad y un desempeño socioeconómico sostenido.

Las instituciones de desarrollo debemos promover la participación ciudadana en las operaciones que financiamos. Esto alentará no sólo una mejor aplicación de esas operaciones, sino la construcción comunitaria entre los pobres como un instrumento de cambio .

Se trata, entonces, de reconocer que debemos superar las dicotomías entre desarrollo y medio ambiente y pensar en términos de desarrollo ecológicamente sostenible.

Este auténtico cambio de paradigma es indispensable si queremos un progreso real. Necesitamos hacerlo por los pobres y los marginados de la Tierra.

El autor es Vicepresidente de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial. Extracto exclusivo para Tierramérica de versión original publicada en ‘Valuing the Environment’, del Banco Mundial

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