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| Contrapunto - ¿Somos los dueños? Un debate irresuelto: cómo compensar a las comunidades indígenas que han aportado su conocimiento ancestral para la explotación de la biodiversidad ¿De quién es la Biodiversidad? Por Vandana Shiva
Los han vendido luego a sus usufructuarios originales -las comunidades y los Estados soberanos del Sur- en la forma de cotizadas semillas y medicamentos patentados... un negocio redondo Las sociedades tradicionales, que seleccionaron, mejoraron y conservaron la biodiversidad durante siglos, están excluidas de este proceso. En el pragmático universo de los grandes circuitos mercantiles, simplemente no existen. No se reconoce su conocimiento, ni su aporte intelectual. Este intercambio desigual y asimétrico levantó una ola de críticas del Tercer Mundo. Desde movimientos indígenas hasta grupos ambientalistas, que promueven una agricultura sustentable, alzaron su voz de protesta. Comenzó, entonces, la búsqueda de un intercambio justo y ecológicamente armónico del conocimiento y los recursos biológicos entre el Norte y el Sur. Y se reavivó la polémica en torno a la pregunta: ¿de quién es la biodiversidad? El derecho de propiedad ¿Tienen las comunidades indígenas y campesinas del Tercer Mundo derecho a considerarse dueñas de la biodiversidad por haber aportado un conocimiento tradicional sobre su uso? ¿Cómo se puede compensar a quienes proporcionaron el conocimiento y los recursos para procesos biotecnológicos? Estas interrogantes están en el centro del debate sobre la conservación y el uso de la biodiversidad, que surgió a partir de las negociaciones sobre el derecho de propiedad intelectual. En el seno del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (gatt), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (fao) y la Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, se discutió sobre cómo compensar las contribuciones intelectuales. Pero la mayoría de discusiones -sobre todo en el gatt- se centró en la noción de que sólo los aportes de los científicos patrocinados por empresas necesitan protección. En el contexto del gatt, se caracteriza como conocimiento e innovación sólo la biodiversidad que potencialmente generaría ganancias. Se desprecia, en cambio, aquella que tiene fines sociales, como la atención de la salud y la agricultura sustentable. De este modo, la contribución intelectual de sociedades y comunidades que no han tenido el móvil del lucro es explotada, pero no reconocida. Los etnobotánicos, por ejemplo, transfieren el conocimiento de los curanderos tradicionales a las empresas farmacéuticas. Pero el derecho de propiedad intelectual es de la compañía, no del curandero. Cuando la biodiversidad y el conocimiento tradicional son explotados con fines comerciales, es necesario que quienes contribuyeron a ello intervengan en la decisión de si tal uso debe hacerse o no, y cuál sería la compensación. Este derecho no es un mero asunto de transferencia de tecnología sino que es la base de un necesario diálogo intercultural. Bien común vs. propiedad privada Las negociaciones referidas a la biodiversidad y las innovaciones biológicas son complicadas porque los actores involucrados dan significados diferentes a conceptos básicos. El
conflicto de intereses se expresa nítidamente en las distintas interpretaciones
sobre el carácter de la propiedad. ¿Cuándo es Para las sociedades tradicionales, la biodiversidad es un bien común, y el conocimiento relacionado a ella es también un bien intelectual común. A lo largo de la historia, se ha registrado en estas comunidades un intercambio gratuito de recursos y de conocimiento. Pero la ausencia de un precio no significa ausencia de valor. La biodiversidad ha sido altamente valorada a través de mecanismos culturales y sociales que permitieron su conservación y su utilización. Las empresas de biotecnología, en cambio, hacen una doble lectura. Consideran a la biodiversidad como un patrimonio común de la humanidad; por lo tanto, pueden apropiarse de ella sin costo. Sin embargo, cuando ésta se modifica y es revendida al Tercer Mundo en forma de productos patentados y con precio, se transforma en propiedad privada. Como ha señalado el investigador Jack Kloppenberg: una vez que el germoplasma sale del Sur como patrimonio común de la humanidad, retorna como mercancía. * La autora es eco-feminista de la India. Próximo
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