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| Ser diferentes Nuestra diversidad es producto de incalculables mutaciones y fantásticos episodios de selección natural. La variedad nos hace más fuertes para sobrevivir. La vida sobre la Tierra adopta diversos rostros. Las diferencias dentro de ecosistemas, especies y genes tardaron millones de años en producirse. Fueron el resultado de incalculables mutaciones y fantásticos episodios de selección natural. Cada microorganismo, animal y planta contiene entre uno y 10 millones de bits de información en su código genético... Una diversidad que no podemos siquiera imaginar. El término diversidad biológica -hasta hace poco exótico, intangible- está ahora presente en el lenguaje diplomático y en cientos de documentos oficiales y no oficiales. Y en su modalidad más popular -biodiversidad- se incorpora cada vez con más frecuencia al lenguaje cotidiano. ¿A qué se refiere la biodiversidad? A la variedad de ecosistemas, de especies y de genes que existen en el mundo. Pero no sólo a eso, sino a la variedad dentro y entre ellos. La diversidad biológica constituye la base de la existencia humana. Ofrece al hombre muchos servicios: limpia el aire, el agua y la tierra, descompone residuos, equilibra el clima, etc. Las especies y sus variedades nos brindan alimentos, resinas, fármacos, materiales para la construcción, fibras textiles, recursos para la nueva industria basada en la biotecnología. Es decir, innumerables materias primas que nos alimentan, nos dan abrigo, nos mantienen sanos y nos permiten sostener nuestras actividades sobre el planeta. Ser diferentes y múltiples dentro de esa variedad nos hace más fuertes. Si se destruye el medio ambiente y disminuye esa profusa variedad, la naturaleza deja de funcionar adecuadamente, deja de brindarnos servicios ambientales y oportunidades de encontrar nuevos recursos. La biodiversidad es clave para la seguridad ambiental del ser humano a largo plazo. Muchas especies ayudan a sostener las condiciones ambientales que nos permiten vivir sobre la Tierra, y aseguran nuestra resistencia ante los cambios dañinos en el entorno. La finitud de la vida Según estimaciones científicas, existirían alrededor de 10 millones de especies en el mundo. El ritmo de deterioro es alarmante. Se calcula que unas 140 especies de plantas y animales se extinguen diariamente. Las actividades humanas -en particular a través de algunas de las tecnologías modernas- son las mayores responsables de la pérdida de la biodiversidad. Procesos productivos como la agricultura intensiva y la forestación industrial, el crecimiento demográfico, la sobreexplotación de especies y la contaminación de aguas dulces, océanos, suelos y atmósfera, están acabando con el patrimonio biológico. La biodiversidad es vasta. Los recursos biológicos son renovables y pueden seguir abasteciendo al hombre...pero no son infinitos. Un plumazo para defenderla Durante por lo menos una década, muchos sectores -gobiernos, expertos, organismos no gubernamentales- trabajaron para incorporar el tema de la biodiversidad en la agenda mundial, lo que desembocó en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, durante la Cumbre de la Tierra, en Río. Con un "plumazo", la comunidad de naciones reconoció que la biodiversidad es propiedad y responsabilidad de los Estados donde se encuentra, pero que es, al mismo tiempo, un asunto de legislación y política internacional. El Convenio marca un hito porque supera una visión sectorial sobre el tema. Antes, los programas de manejo de la biodiversidad se diseñaban para proteger, por ejemplo, a una especie en peligro de extinción o a un ecosistema en particular. Ahora, el compromiso es global: todas las formas de vida en la Tierra requieren protección. Se trata de un desafío universal.
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