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De la biosfera a la homosfera

Por Humberto Maturana

Nuestras sociedades están pasando de habitar en una biosfera, a vivir en una homosfera, es decir, un espacio que tiene características completamente determinadas por nuestro quehacer como seres humanos modernos. Y esta forma de vida es una de las causas que inciden en el deterioro del medio ambiente. Por eso creo que el problema ambiental es, sobre todo, un tema ético.

Tomemos por ejemplo el mundo natural de Chile, donde existen hermosos bosques nativos, en tanto no los cortemos, ya que tenemos la maquinaria y la actitud para hacerlo. Las maquinarias son artefactos abiertos a realizar sus tareas hasta el infinito si no las detenemos.

Y existen maquinarias mecánicas, intelectuales, humanas, de todas las clases. Hay momentos en que uno tiene que saber cómo detenerlas para crear condiciones que nos permitan actuar responsablemente en los distintos ámbitos de la vida y, por cierto, principalmente en el medio ambiente.

Para lograrlo se requieren, a mi juicio, tres dimensiones: el conocimiento (el saber respecto a lo que se trata), el entendimiento (la significación de aquello que se hace en el contexto amplio al cual se pertenece) y la acción efectiva a la mano.

En estas tres afirmaciones pueden condensarse algunas de las características sistémicas fundamentales.

Primera: La conservación de cualquier configuración de relaciones en un conjunto de elementos abre espacio para que todo lo demás cambie.

Cada vez que se comienzan a conservar ciertas relaciones en el espacio del vivir, todo lo demás puede cambiar. Nosotros tendemos a no mirar lo que se conserva, cuando es esto, sin embargo, lo que define lo que sí se puede cambiar.

Segunda: Nada ocurre en la historia del ser humano ni de los seres vivos porque sea necesario que ocurra. Por ejemplo, los computadores no surgieron porque fueran indispensables, pero ahora sí lo son porque todo se ha adaptado a ellos; es decir, el mundo ha cambiado justamente por la conservación del uso de los computadores y si los destruyésemos repentinamente se desmoronaría una suerte de lógica sobre la cual se han construido estas relaciones.

Tercera: El curso que sigue la historia no es el de las oportunidades materiales, no es el de los recursos, ni es el de la tecnología, sino que es el de los deseos, las emociones, lo que se quiere. Algo es un recurso, una oportunidad, en tanto lo quiero; algo me es necesario en tanto lo deseo. Estamos donde estamos, con las dificultades que tenemos y con las oportunidades que se nos abren según los deseos que estamos viviendo. Porque nuestro presente es el presente de la historia de los deseos.

Por eso afirmo que el tema del medio ambiente es un tema ético, donde la educación es central. Sólo cuando logremos configurar un espacio nacional de deseos al que se sume el conocimiento y el entendimiento, y tengamos una acción a la mano adecuada que aplicar, podremos ser ciudadanos libres y responsables de nuestra conducta ambiental.

* El autor es biólogo chileno, Premio Nacional de Ciencia. Este es un extracto de su participación en el foro

"A Cinco Años de Río" organizado por Tierramérica en Santiago de Chile el 5 de junio de 1997.

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