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Selvas fértiles

Por Víctor Toledo

Cada Civilización Concibe, Percibe, Conoce y Sueña de Manera Diferente ese Conjunto de Elementos Naturales que Acompañan a Toda Sociedad.

Como paraíso o como infierno, la naturaleza siempre ha sido interpretada de manera distinta. Por ello, cada civilización percibe a su manera las riquezas encerradas en los sistemas naturales y adopta, por tanto, una estrategia particular de uso o desuso.

Las selvas tropicales húmedas de América Latina, esos inmensos invernaderos convertidos en templos a la diversidad, han tenido también diferentes intérpretes, usuarios y destructores. Desde las selvas del sudeste de México hasta la enorme Amazonía, pasando por el Petén guatemalteco, el Darién panameño o el Chocó colombiano, los ecosistemas tropicales han sido testigos y víctimas de dos formas de concebir y usar el universo natural.

Unos 50 milllones de indígenas viven hoy de los recursos de las regiones tropicales húmedas del mundo. En América Latina destaca la región Amazónica donde habitan más de un milllón de indígenas, y el territorio tropical húmedo de México y Centroamérica, con casi 2 millones de habitantes. Y se tiene noticia de presencia humana en la Amazonía desde hace 12 mil 300 años.

¿Qué lecciones ofrecen estas antiguas culturas? Un principio destaca en el modelo de las culturas tradicionales del trópico: la relación esencialmente religiosa que establecen con la naturaleza. La selva y sus recursos son espacios donde los seres vivos se encuentran dotados no sólo de alma sino de un comportamiento particular: monos celosos, hormigas solidarias, tucanes glamorosos, anacondas temibles. Las culturas indígenas han creado todo un repertorio de reglas de comportamiento a través del cual dialogan con la naturaleza.

Pero las selvas también son percibidas como un reservorio inaudito de recursos para la supervivencia humana. Su expresión práctica es la obtención de una enorme gama de productos.

Deslumbran los múltiples usos que dan los pueblos indígenas a las plantas de las selvas: mil 300 especies útiles y más de tres mil productos en México, más de tres mil 800 productos en Perú y casi mil 400 en la Guyana Francesa. Entre el 50 y el 75 por ciento de las especies de árboles existentes en una hectárea de selva tienen alguna utilidad para los indígenas. Los bosques tropicales son lo mismo una botica que una enorme despensa, un reservorio de materiales, sustancias, utensilios y forrajes o un recurso de energía.

Quizá no haya sistema natural más estudiado que las selvas. Y, sin embargo, no existe todavía un uso moderno adecuado ecológicamente a ellas. Para la racionalidad industrial y su objetivo mercantil, la riqueza biológica de la selvas es un conjunto de recursos escasos: es una riqueza que se difumina. Las tierras bajas de América Latina dan fe de este fracaso: las selvas han sido sustituidas por extensas plantaciones de azúcar en El Caribe, de caucho y café en Brasil, de cacao en Venezuela y por un infinito mar de pastizales.

Entre la imagen de la selva útil del pensamiento indígena y la de la selva como obstáculo, hay un nudo fundamental que disolver. Hay que tomar en cuenta la experiencia de aquellas culturas presentes antes de la irrupción de la civilización occidental, como punto de partida hacia una modernidad basada en la teoría ecológica, el respeto a las culturas y la nueva filosofía de la sostenibilidad.

El autor es investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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