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| Grandes plumas Conservar es un buen negocio Por José María Figueres
Esta aceptación significa todo un cambio de actitud, porque hasta ahora se ha considerado la conservación como un estorbo, como un factor que incrementa los costos de producción. No se ha analizado que conservar es, más bien, una gran oportunidad empresarial, un ámbito nuevo para realizar inversiones importantes en campos diversos, que a su vez brinden bienestar a la población y a la sociedad. Debemos entender que la conservación no es un tema aislado, sino relacionado con todo aquello que afecta al crecimiento de un país. De manera que no podemos hablar de conservar por conservar, sino de conservar con el fin de asegurar la disponibilidad de los recursos en el futuro, para garantizar también el desarrollo económico y social. Afortunadamente, ya existen diversos mecanismos que nos permiten tomar conciencia de que el preservar nuestros recursos naturales es un buen negocio, y en esa toma de conciencia va a estar el éxito de los programas de conservación y de cuidado del medio ambiente. Lo necesario ahora es convencer a todos los actores sociales -empresa privada, gobierno, ONGs y población en general- de que una naturaleza exhuberante puede mantener vivos tanto al planeta como a las economías del sur. Ahora bien, ¿por qué es rentable el medio ambiente? Citemos el ejemplo del ecoturismo, que genera gran cantidad de divisas, el del cuidado de los ríos, cuyo potencial hidroeléctrico reduce el gasto en combustibles fósiles. Pero veamos, además, una delas ideas que integran más plenamente el cuidado del ambiente y el progreso económico de nuestros países: es la idea de cobrar a los países del norte por la capacidad de nuestros bosques de absorber el dióxido de carbono (CO2) de esos países industrializados. El mecanismo de desarrollo limpio brinda la oportunidad para que los países en vías de desarrollo, que somos en su mayoría fijadores netos de gases, podamos ayudar a los países desarrollados y cobrar por esa ayuda, por esa "consultoría técnica", por ese trabajo que vamos a efectuar para mitigar los efectos de los gases invernadero. Pero no solamente cambia el concepto de la conservación. Definitivamente, el tiempo que vivimos no es uno de muchos cambios. Es más bien un cambio de época, un cambio de paradigma, y este hecho se refleja de muchas maneras. Por ejemplo, durante años, nos hemos preocupado por la delimitación de nuestros países y hoy en día nos encontramos con que las fronteras son traspasadas en mil direcciones por la tecnología, el capital y la información, los cuales no necesitan vida ni pasaporte. Así, la noción de frontera está en proceso de transformación, se desdibuja el concepto de frontera física. Otro concepto que está en vías de modificación es el de la nacionalidad. Han emergido dos grandes grupos: aquellas personas que están conectadas a Internet, con lo cual tienen acceso a una vasta información, y aquellos que no tienen esa posibilidad y que por lo tanto se quedan atrás en la toma de decisiones. Así, el individuo se define más bien a partir del acceso a la información y no tanto en relación al país de procedencia. A nuestro continente está llegando un nuevo Cristóbal Colón -esta vez no como una persona sino como una era- que es el área de libre comercio continental que se iniciará en el año 2005 (el ALCA), la cual cambiará la forma de relacionarnos y nos hará redescubrirnos como actores de un solo mercado sin fronteras. ¿Cómo nos preparamos entonces para este Nuevo Mundo que tenemos al frente? Pienso que lo haremos apropiadamente si entendemos que el futuro, por incierto que sea, no va a ser una continuación del pasado. Necesitamos una nueva estrategia de desarrollo en el contexto de la economía globalizada que nos permita competir con base en eficiencia, productividad, valor agregado, respeto al medio ambiente. Sería muy triste para América Latina, y para cualquier país del mundo, competir sobre la base de la depredación del medio ambiente y de salarios bajos. Tenemos que buscar otros instrumentos para poder competir. Es necesaria una estrategia de desarrollo que abandone el enfoque cortoplacista y que adopte una visión de mediano y largo plazo en cuanto al país y la sociedad que queremos conformar. El denominado desarrollo sostenible constituye una estrategia que nos permite obtener beneficios de la globalización. Y esta estrategia no es otra cosa que la articulación inteligente de los factores macroeconómicos, sociales y ambientales con una visión a mediano y largo plazo: en primer lugar, sólidos balances macroeconómicos que nos ayuden a mejorar las tasas de ahorro interno y también los niveles de inversión externa; en segundo lugar, una inversión estratégica en desarrollo humano, es decir, inversión en nuestra gente: en su salud, en su educación, en programas de vivienda y condiciones de bienestar, para que nuestros ciudadanos puedan aportar más al crecimiento de nuestros países; en tercer lugar, la construcción de una alianza vigorosa con la naturaleza, en vez de enfrontarnos sin razón a ella, la comprensión de que un manejo racional e inteligente del medio ambiente irá a favor de la calidad de vida de las futuras generaciones. El éxito de esta estrategia consiste en lograr la articulación armoniosa de las variables económicas, sociales y ambientales y hacerlo de modo tal que sus resultados no sean flor de un día, sino que aseguren un desarrollo sostenible en el largo plazo. Y conservar la naturaleza es tan sólo parte de una nueva concepción del desarrollo, una en la que estamos obligados a desarrollar nuestras ventajas competitivas para insertarnos de manera inteligente en la economía global. De o contrario estaremos renunciando a nuestras aspiraciones de alcanzar sociedades de justicia y bienestar para la mayoría. *el autor es ex presidente de Costa Rica
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