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| Opinión Hacia un programa de acción En Buenos Aires debemos enfrentar el desafío de pasar de la enunciación a la acción, para avanzar en el cumplimiento del espíritu de la Convención firmada en Río. Para la Argentina y, naturalmente, para América Latina y el Caribe en su conjunto, la realización en Buenos Aires de la Cuarta Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático no es un hecho menor. Por el contrario, es un acontecimiento que nos llena de orgullo y nos ubica frente a un desafío serio y concreto en el concierto de países que asumen responsablemente la tarea a favor del medio ambiente iniciada en 1992 en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. La Convención de Cambio Climático es la de mayor presencia en la opinión pública, porque la temática que aborda tiene un impacto muy tangible para la humanidad. Al mismo tiempo, es la que genera mayores controversias entre las responsabilidades históricas del mundo industrializado y la necesidad del planeta en su conjunto de encarar un desarrollo productivo amigable con el ambiente. Es también la convención cuyas decisiones tienen o podrán tener consecuencias más inmediatas y comprobables sobre la producción industrial, por lo que el sector privado -tanto de los países industrializados como de los que están en vías de desarrollo- sigue muy de cerca y con gran interés las negociaciones. Por estos motivos, provoca una fuerte demanda de soluciones de parte de las organizaciones no gubernamentales. Por todo esto, no es menor el daato de que por primera vez la reunión de las partes integrantes de la Convención del Cambio Climático se realice en un país del hemisferio sur y, particularmente, de América Latina. No es menor tampoco el dato acerca del momento en que se efectúa la Conferencia de Buenos Aires, en el marco de la tendencia que han adoptado las negociaciones respecto del Cambio Climático. La última reunión, efectuada en Kioto hace ya un año, significó un verdadero punto de partida para la formulación de programas de acción. El Protocolo acrodado en aquella oportunidad ofreció a la comunidad internacional herramientas más concretas para avanzar en el cumplimiento del espíritu de la Convención firmada en Río de Janeiro hace ya seis años. Buenos Aires puede ser -y sería deseable que así ocurriera- el ámbito donde se establezca este programa de acción. El debate planteado en las numerosas reuniones previas señala el desafío de pasar de la enunciación y enumeración de esas herramientas a la implementación concreta de las mismas. Desde la Argentina creemos que los países que no integran el Anexo I de la Convención, dentro de los cuales están todos los latinoamericanos y caribeños, tienen una tarea y una responsabilidad muy precisa para esta reunión de Buenos Aires: demostrar que la participación en las negociaciones no se remite exclusivamente a la demanda -justa- de revertir los daños provocados por un modelo de desarrollo que en términos generales no consideró al ambiente entre sus variables básicas. Por el contrario, así como el mundo industrializado es en gran medida responsable de este presente crítico respecto del cambio climático, estamos convencidos de que tenemos las condiciones para enfrentar el desafío de encarar modelos de desarrollo que garanticen un futuro respetuoso del ambiente. La Conferencia de Buenos Aires avanzará además en la participación de los diferentes actores: hemos estimulado que las ONGS y el sector privado tengan una presencia y un espacio que seguramente no han tenido hasta el momento. Para los argentinos, no es apenas nuestro país sino toda América Latina y el Caribe el anfitrión de esta Conferencia. Deseamos que, a través de los cinco mil participantes que esperamos en Buenos Aires, el mundo vea y compruebe no sólo la hospitalidad de los habitantes de nuestra región sino también nuestro compromiso por un ambiente que no sea padecido sino disfrutado por las generaciones que nos sucedan. *la autora es secretario de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable, presidente designado de la COP4 Próximo artículo: Contrapunto: ¿El Sur debe pagar?>
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