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Entrevista: Paul Kennedy


Bajo la lupa de Kennedy

Paul Kennedy, historiador inglés

Paul Kennedy, historiador inglés

Paul Kennedy es uno de los intelectuales más influyentes en Estados Unidos. Conocido mundialmente por su obra "El Auge y la Caída de los Imperios", el historiador de origen inglés dio hace poco un giro académico y comenzó, por primera vez, a analizar el tema ambiental. Dialogó con Tierramérica en su despacho del International Security Studies Center, de la Universidad de Yale, en New Haven.

Por María Amparo Lasso

–Su libro "Hacia el Siglo XXI" ha sido criticado por tener un enfoque malthusiano, porque le da demasiada importancia al crecimiento demográfico para explicar la crisis ambiental. ¿Es así?

La respuesta honesta es que no lo sé. Algunas veces se me describe como alguien que sintetiza. Para este libro, leí gran cantidad de literatura sobre las tendencias ambientales globales. Una escuela en particular, como el Worldwatch Institute nos dice que el tema es serio, amenazante, mortífero, y que tenemos que cambiar nuestro estilo de vida. Pero los think-tanks de derecha, como el Hudson Institute, dicen que eso no es problema. Mi propia inclinación es a ser prudente. Es decir, si algo es global, ambiental y demográficamente importante y amenaza nuestra ecología, es mejor tener una póliza de seguro y trabajar para reducir esas presiones. Si los optimistas están en lo correcto, no tendremos grandes pérdidas de recursos naturales al tomar medidas de control de la población adecuadas a diferentes culturas, o al reducir las emisiones de nuestros automóviles y nuestras fábricas, eso no será el final de la civilización. El punto es que vale la pena hacer algo en lugar de no hacer nada. Y tenemos que usar nuestra inteligencia para reconocer que no lo podemos hacer como una sola nación, sino a través de agencias y corporaciones internacionales.

–Cuando usted habla de explosión demográfica, la principal responsabilidad parece recaer en el Tercer Mundo. El Sur se convierte en una bomba de tiempo para el planeta. Pero, ¿qué está pasando con el Norte, con sus gigantesctos niveles de consumo?

Yo creo, efectivamente, que la mayor responsabilidad la tiene el Norte, no el Sur. El 20 por ciento del planeta (el Norte) está consumiendo 80 por ciento del producto. En términos del daño ambiental a la atmósfera, hay algunos cambios: China está a punto de superar a los Estados Unidos como el contaminante de la atmósfera número uno e India está a punto de superar a Rusia como el número dos. Pero el argumento mayor es cierto y justo. Y hay gobiernos preocupados en el Norte –como Canadá o Noruega– que hacen esfuerzos por reducir sus niveles de consumo y que creen que debe transferirse tecnología para ayudar a los países del Sur a resolver sus problemas ambientales. En países como Noruega o Finlandia, hay una conciencia ambiental muy alta.

–Y en Estados Unidos, ¿cómo ha evolucionado la conciencia ambiental?

En Estados Unidos está el 5 por ciento de la población mundial consumiendo 26 por ciento del producto mundial y siendo responsable de la mayor parte del consumo de energía y de las emisiones de gases tóxicos. Sin embargo, hay una reacción ciudadana violenta contra toda regulación gubernamental. El político que se atreva a aumentar los impuestos a la energía, seguramente queda fuera del puesto. Y no creo que esto vaya a cambiar fácilmente. A partir de los 60, hubo una ola de conciencia ambiental y se tomaron varias iniciativas –inversión en transporte pesado, controles de emisiones– bajo el constante ataque de las fuerzas conservadoras. Mi teoría es que ésta es una cultura escapista. Todo aquel que vino de Europa estaba escapando de la persecución religiosa, de la escasez, de la crisis económica. Si usted no está de acuerdo con su vecino, pone sus cosas en la carreta y huye hacia los Apalaches. Eso continúa siendo así en un sentido.

–¿Hasta dónde tolerará nuestro planeta?

Hay quienes piensan que lo que está pasando es ya tan grave que aumentar el nivel de vida de 4 mil millones de personas pobres hasta el nivel de las relativamente ricas (mil millones) es, en sí, una solución catastrófica porque mataría al planeta. No sé si eso es verdad, los científicos están hablando mucho sobre cuánto puede tolerar nuestro planeta. Pero es evidente que, en lugares como el Singapur actual o en Europa hace un siglo, cuando se aumenta el nivel de vida de la gente de tal manera que el promedio de ingreso llega a más de 4 mil dólares al año, se obtienen mejores ambientes, más preocupación por el agua limpia y el aire puro, mejor educación, familias más pequeñas, más acceso a carreras profesionales por parte de las mujeres. Entonces se trata de atravesar este período entre la crisis presente y la prosperidad futura, que yo creo que será prosperidad sostenible.

–Como científico, ¿cómo se siente con su libro, con su propuesta de análisis ambiental?

No estoy seguro de que me describiría a mí mismo como científico, sino como un intelectual cuya tarea es hacer grandes preguntas y utilizar un lenguaje cuidadoso para sugerir posibles respuestas, dejando siempre el futuro abierto. Lo que hice fue revisar cientos de informes, de estudios, y los sinteticé para demostrar cómo hoy, aun para los estudiantes de políticas de poder internacional, los asuntos ambientales son significativos. Es imposible decir si capto o no la verdad científica exacta, cuando todavía muchos de los científicos no se ponen de acuerdo sobre los niveles de temperatura en el calentamiento global.

* La autora es directora editorial de Tierramérica.

 

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