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| Revivir la epopeya Por Abraham Lama LIMA.- En uno de los inhóspitos arenales que circundan Lima, los 300 mil habitantes de Villa El Salvador se proponen hacer resurgir de las cenizas la epopeya popular que los convirtió en 1986 en candidatos al premio Nobel de la Paz. Entre 1971 y 1990, la villa vivió los sueños de la construcción de una sociedad utópica y en 1987 recibió el premio internacional Príncipe de Asturias, "por ser una comunidad ejemplar en la lucha contra el hambre". Pero luego vino la debacle institucional y la gigantesca barriada parece ahora envuelta en la ingobernabilidad, la frustración y el caos. Villa el Salvador fue la primera barriada que rechazó el tradicional paternalismo estatal y decidió crecer en forma autogestionaria y socialista. Recibió ayuda del gobierno militar de Velasco Alvarado y de organismos internacionales para formar un parque industrial, donde instaló empresas cooperativas de producción. Pero la mayor parte de ellas fracasaron. Ahora sólo queda la organización social autogestionaria básica, denominada "cuaves", que promueve la participación comunal: comedores populares, asistencia sanitaria, arborización y policía voluntaria. Villa El Salvador fue, sucesivamente, el modelo socializante y autogestionario brotado del espíritu mundial de 1968, luego la víctima predilecta del encarnizamiento terrorista del maoísmo peruano. "Después de la dura guerra civil vino la desmoralización ideológica y la corrupción política. Hoy debemos recuperar la confianza de la población en sus instituciones", explica Martín Pomar, de 26 años, un dirigente nuevo que respalda al líder histórico de la barriada, el ex cura Miguel Azcueta. Al inicio de los 90, el llamado eclipse de las ideologías los dejó en manos de políticos sin línea ni frenos. Los dos últimos alcaldes están presos por mal uso del dinero público. "Recuperaremos el espíritu de los fundadores de Villa El Salvador, acorde a los nuevos tiempos, empataremos los intereses colectivos, con los individuales, pero sin caer en el discurso liberal radical del gobierno actual", dice Azcueta. "Por suerte, las bases están casi intactas: grupos residenciales conformados por las familias de cada 16 manzanas, con sus organizaciones de apoyo vecinal, sus comités de madres de familia y sus cuerpos de vigilancia", añade.
* El autor es periodista de la red IPS-PNUMA Próximo
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