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Las fórmulas de los gigantes

Por Nicole Barrett


Las megaciudades en el mundo, esos gigantes de cemento y asfalto, tienen complejísimos problemas ambientales. Existe una amplia documentación acerca de ello, pero poco se conoce sobre las soluciones -innovadoras y creativas- que esos gigantes han descubierto. Estas iniciativas existen. Tierramérica presenta tres casos en: El Cairo, Tokio y Los Angeles.

La basura en El Cairo

La población de 15 millones de El Cairo se incrementa a una velocidad de casi un millón de personas cada ocho meses. Con este explosivo crecimiento demográfico, es fácil imaginar a qué ritmo y de qué manera se reproduce la basura.

Aunque se trata de una tarea titánica, una comunidad cariota, la de Zabbaleen, se dedica por tradición a la recolección de desperdicios, clasificándolos y reciclándolos.

Pero cuando el gobierno consideró sistemas modernos para disponer de los desechos, la comunidad se vio en peligro de perder su fuente tradicional de sustento.

Por ello, en 1980 se formó una alianza entre la comunidad Zabbaleen, un grupo de asistencia técnica y el gobierno local.

Este programa ha funcionado a lo largo de diez años, a través de varios subproyectos, y ha creado miles de empleos.

Se instalaron, por ejemplo, microempresas con maquinaria pequeña para convertir materia prima seleccionada y limpia, en productos de manufactura simple como suelas de hule para zapatos, muñecas de plástico y platos metálicos que se venden a un precio mucho más alto que las materias primas.

El programa también incluye una planta para compostas, un proyecto de limpieza vecinal y otro dedicado a la mecanización.

El éxito del programa de Zabbaleen fue tan grande que se ha reproducido en Bombay y en Manila.

El agua en Tokio

La demanda de agua en Tokio se incrementa tan rápidamente como el tamaño de la ciudad y su población.

La construcción de nuevas presas amenazó las tierras agrícolas y los bosques de los alrededores de la ciudad. Al irse cubriendo los espacios verdes de Tokio con asfalto y concreto, se deterioró el ciclo del agua.

Uno de los 23 distritos de Tokio, Sumita, estableció entonces un sistema para reciclar el agua de lluvia y resolver los problemas de escasez en la ciudad.

La Oficina Distrital de Sumita promueve el uso de agua de lluvia desde 1983 y ha construido 13 instalaciones para este fin en los últimos 8 años.

La promoción del uso del agua de lluvia sirve además para asegurar el suministro del recurso en el propio distrito, extinguir incendios en casos de emergencia, prevenir inundaciones y el desbordamiento de aguas negras cuando llueve mucho, así como el hundimiento del subsuelo por falta del recurso.

El almacenamiento de agua de lluvia ayuda a reducir el consumo del agua entubada y, en un plano mayor, protege los bosques y las tierras agrícolas que se destruirían con la construcción de nuevas presas.

La Oficina Distrital está decidida ahora a promover agresivamente el uso de agua de lluvia en instalaciones públicas y pretende difundir la tecnología para su utilización en el sector privado.

Horticultura en Los Angeles

La zona sur del área central de Los Angeles enfrenta problemas similares a los de muchas zonas urbanas en crecimiento: elevados índices de criminalidad, pobreza y desempleo.

El estado de deterioro de esta zona tiene efectos nocivos para los jóvenes, quienes carecen de entrenamiento para trabajar, no tienen acceso a actividades recreativas, ni han adquirido buenos hábitos alimenticios.

La violencia de las pandillas y los homicidios son parte de la vida diaria: el asesinato es la causa principal de muerte entre los jóvenes negros de menos de 25 años.

Este panorama impulsó a George Singleton, fundador de "Hope LA", a buscar una forma de transformar esta zona de Los Angeles en un "ecosistema que defienda la vida en lugar de aniquilarla."

"Hope LA" emplea a jóvenes en riesgo para convertir lotes vacíos en frondosos espacios verdes y cultivos de hortalizas. Al mismo tiempo que mejora las condiciones ambientales y crea fuentes de ingresos, el proyecto infunde amor propio a los miembros del grupo y conecta el centro de la ciudad con la naturaleza.

El programa tiene varios componentes que demuestran a los participantes las aplicaciones prácticas de la ciencia. Los jóvenes toman un curso integral que incluye matemáticas, química, economía, arquitectura y jardinería.

En el cultivo de los jardines se emplean antiguas técnicas agrícolas egipcias y nativas de América, como el establecimiento de surcos más profundos para la siembra de semillas que permiten maximizar la cantidad cosechada de plantas en la escasa tierra urbana.

Hope LA es único por su autofinanciamiento: el proyecto alcanza a cubrir sus gastos con la venta de los productos cosechados.

  • La autora es investigadora de Mega-Ciudades, una red transnacional sin fines de lucro con sede en Nueva York, dedicada a compartir soluciones innovadoras para los problemas de las grandes ciudades del mundo.

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