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Análisis - Nuevas reglas de juego Por Nikos Alexandratos A lo largo de dos décadas (1970-90), el consumo de productos agropecuarios de 93 países en desarrollo creció un 10 por ciento más rápido que la producción alimentaria, según un estudio de la FAO. Algunos analistas predicen bajas catastróficas en las tasas de crecimiento de la producción alimentaria mundial, e incluso alertan sobre la incapacidad de los países con superávit de alimentos de cubrir -vía exportación- las necesidades del mundo en desarrollo. Sin embargo, no parece tan así ya que están en marcha cambios generales en el comercio internacional, que tendrán consecuencias trascendentales. El Acuerdo de la Ronda Uruguay es la reforma más reciente y notable. En el área agrícola, tiene dos efectos principales: uno respecto de los precios mundiales de los cereales, y el otro, sobre las opciones políticas de los países en desarrollo. Precios seguirán a la baja Diversos estudios concluyen que, a largo plazo, continuará la tendencia a la declinaqción de los precios mundiales de los cereales en términos reales, debido a que el crecimiento de la demanda mundial efectiva será lento, mientras que la producción continuará aumentando. Se estima que la limitada liberalización del comercio producto de la Ronda Uruguay sólo logrará que la reducción de precios no sea tan drástica. No es probable tampoco que la liberalización tenga grandes repercuciones en la disponibilidad mundial de alimentos, pues la reducción de la producción en países de costos elevados será sustituida por mayor producción en otras naciones. Se espera que las reformas políticas de la Ronda tengan mayor impacto sobre los precios, debido a que establecen los términos y condiciones bajo los cuales los países importadores de cereales pueden proveerse en los mercados mundiales. Hay menos espacio para políticas generadoras de excedentes, pues las nuevas reglas desincentivan a los gobiernos a acumular stocks. Cualquier descenso productivo debido a condiciones climáticas se transmitirá rápidamente a los mercados mundiales, al no disponer de los stocks acumulados que actuaban como amortiguadores, con lo que la variabilidad de los precios mundiales será más alta que en el pasado. Normas más flexibles Como efecto de la Ronda, el mundo en desarrollo no verá reducida completamente la gama de políticas que aplicaba para estimular sus procesos agrícolas. La novedad principal del Acuerdo se refiere a que toda protección futura se expresará en aranceles. Estos, sometidos y aceptados por los otros países miembros de la Organización Mundial del Comercio, no podrán aumentarse unilateralmente. Las dificultades que podrían surgir durante el proceso de reforma a partir del Acuerdo, ya han sido detectadas. A los países en desarrollo se les otorga un trato especial y diferencial, principalmente con períodos más largos para efectuar reajustes. Sobre las políticas de apoyo interno, el Acuerdo no prohibe la aplicación de ningún instrumento de apoyo al productor. Tampoco sufren limitaciones las medidas de la llamada "caja verde" (programas ambientales, por ejemplo). Gran parte del proteccionismo ha sido reemplazado por normas más flexibles y no existen excusas para no impulsar con energía el desarrollo agrícola en el Sur. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer hacia una reforma de fondo. El combate al proteccionismo es un proceso constante y de largo plazo. En 1999 se iniciarán nuevas negociaciones con este horizonte. El comercio tiene una importancia estratégica para la seguridad alimentaria mundial. Las nuevas normas liberalizadoras tienen el desafío de apuntar a los sectores más vulnerables de la sociedad. Las predicciones, para el futuro inmediato, dictan que los insuficientes niveles nutricionales de hoy se mantendrán, si no se combate la extrema pobreza que continuará afectando a gran parte de la población mundial, sobre todo a regiones sudasiáticas y del Africa subsahariana. El autor es griego, Jefe de la Unidad de Estudios sobre Perspectivas Globales (FAO) Próximo
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