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Los derechos del consumidor


¿Qué comemos?

Por Marilena Lazzarini y Silvia Vignola

Una consigna de cara a la Cumbre sobre la Alimentación en Roma: debatir sobre la calidad y la salubridad de lo que ingerimos.

En vísperas de la Cumbre de la Alimentación, que tendrá lugar en noviembre en Roma, diversos Estados aún no han logrado atender el más básico de los derechos del consumidor: tener acceso a los alimentos en cantidad y calidad compatibles con una vida digna.

 

En la última década, muchos goviernos establecieron políticas destinadas a garantizar una producción suficiente de alimentos. Otros países ampliaron el concepto de seguridad alimentaria para incluir el acceso a los productos, su calidad y la sostenibilidad social y ambiental, entre otros factores.

Las ONGs de todo el mundo han preparado su posición frente a los compromisos que serán suscritos en Roma, donde se analizarán los problemas relacionados con la alimentación y, sobre todo, con el hambre.

En Brasil, como en otros países latinoamericanos, las asociaciones de consumidores lanzaron una consigna: debatir acerca de la calidad y salubridad de los alimentos. Aunque no siempre ha sido incluido en el contexto de la seguridad alimentaria, el tema es fundamental porque cualquier negligencia podría agravar el estado de salud ya comprometido por la insuficiencia de alimentos. Datos de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, demuestran que miles de personas en América Latina se enferman diariamente por ingerir comida contaminada. El hecho se agrava si las personas pertenecen a grupos social y biológicamente vulnerables.

Leyes, etiquetas, veracidad

En una reciente reunión internacional en Quito, Ecuador, asociaciones de consumidores y gobiernos debatieron sobre la seguridad alimentaria. Los consumidores reclamaron su participación en la toma de decisiones, demandaron leyes que promuevan un mayor control alimentario, así como información clara y completa en las etiquetas, para que el consumidor no sea engañado. Hubo polémica acerca del uso de nuevas tecnologías -como la radiación de alimentos o la ingeniería genética y se clamó por el respeto de los principios éticos en publicidad. Estas reflexiones demuestran que la alimentación no puede estar circunscrita sólo al área de política agropecuaria.

Debe enfrentarse el fenómeno de la creciente urbanización, ya debatido en la Cumbre de Hábitat de junio pasado en Estambul. La venta de alimentos en la vía pública en precarias condiciones de higiene, por ejemplo, debe ser solucionada de forma creativa, en lugar de ser descuidada o reprimida.

Corresponde a los consumidores organizarse en asociaciones donde puedan reclamar sus derechos en torno al más básico de los satisfactores: la alimentación. En Brasil, el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (IDEC) privilegia el análisis de problemas sobre la calidad alimentaria. Trabaja en pruebas comparadas de productos y divulga sus resultados, para propiciar entre los consumidores una selección más conciente. Y se moviliza ante instancias del gobierno para que se prohíba el uso de sustancias o drogas en los alimentos o animales que puedan comprometer la salud humana.

Los resultados de esa experiencia comprueban que el consumidor sí puede influir en el cambio de actitudes del gobierno y del sector productivo, y contribuir así a mejorar nuestra calidad de vida.

* ambas autoras son brasileñas y miembros del IDEC, Lazzarini es coordinadora ejecutiva de ese instituto

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