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Reportaje - Gastronomía genética Por Dalia Acosta HOY PODEMOS SABOREAR FRUTOS Y VEGETALES MÁS DURADEROS Y NUTRITIVOS GRACIAS AL MILAGRO DE LA BIOTECNOLOGÍA AGRÍCOLA LA HABANA- Un tomate rojo, carnoso, fresco y duradero fue la gran noticia de 1993 en el mundo de la biotecnología agrícola. Con esta nueva variedad -bautizada como Flavr Savr- la compañía estadounidense Calgen lanzó al mercado el primer alimento modificado genéticamente. El milagroso y controversial tomate puede almacenarse durante meses y seguir tan fresco como al inicio. Esta increíble propiedad confirmó los vaticinios de algunos expertos que ven en la agricultura uno de los campos más promisorios para el desarrollo biotecnológico.
Además de ser una nueva forma de entender la vida, la ingeniería genética permite mejorar las semillas, descubrir bioplaguicidas, emplear fertilizantes biológicos y variar genéticamente las plantas, en una búsqueda constante de variedades más resistentes y frutos y vegetales más duraderos y nutritivos. "El principal objetivo de la biotecnología agrícola es la búsqueda de una base alimentaria más amplia, segura y adecuada a las necesidades del hombre", resume José de la Fuente, director de investigación y desarrollo del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba (CIGBT). Creado en 1986, el CIGBT lidera un grupo de cinco entidades científicas dedicadas a las investigación biotecnológica y maneja más de 20 biofábricas que, adjuntas al Ministerio de Agricultura, garantizan el enlace entre científicos y productores estatales, cooperativos y privados. Cuba tiene la capacidad de producir unas 60 millones de vitroplantas en un número cada vez más creciente de especies vegetales, que van desde la caña de azúcar, hasta papas, plátanos y otros cultivos claves para la economía cubana, que aún no suple las necesidades de sus habitantes. Sin embargo, el caso de la isla es excepcional, ya que las grandes transnacionales agroalimentarias llevan delantera. Y aunque muchas especies son importadas del Sur, del Norte parece destinado a ser el gran dueño de las patentes biotecnológicas. "Sólo cuando de estas técnicas se obtengan productos más baratos y asequibles, se podrá sortear el reto más difícil que es llegar a los pequeños productores, quienes no suelen ser el objetivo de las transnacionales", opina De la Fuente. "La biotecnología debe lograr que el pequeño productor tenga acceso a plantas obtenidas por cultivo de tejidos, a variedades más resistentes, a bioplagicidas y a medicamentos para el área animal", destaca Gustavo de la Riva, investigador del CIGBT. Esta revolución científico-técnica de fin de siglo XX sustituye las azarosas operaciones de cruzamiento genético tradicional por el rápido y seguro método de la recombinación genética. Las ventajas de la biotecnología son indudables. El mundo en desarrollo, en tanto, enfrenta una disyuntiva: ser un importador eterno de alimentos genéticamente modificados o realizar una cuantiosa inversión en tecnología y preparación científica para ahorrarse futuros gastos millonarios. * la autora es periodista de la red IPS-PNUMA Próximo
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