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Grandes Plumas: Sueño Milenario Por Jacques Diouf No es posible hablar de seguridad ambiental sin remitirse a la seguridad alimentaria. Tenemos sólo un planeta y debemos cuidarlo tanto para los habitantes de hoy como para los del futuro. De este mandato ético surge el desafío de buscar nuevas formas de producir más alimentos y distribuirlos mejor, pero conservando la naturaleza. El mundo moderno se resiste a tomar conciencia de sus dramas. Sabemos que 800 millones de personas padecen hambre y malnutrición en el mundo y, sin embargo, la respuesta más común es una mirada indiferente. Para muchos es difícil visualizar a seres humanos detrás de esa cifra, pese a que indica clara y crudamente que una de cada siete personas está en riesgo de morir de hambre. Lo paradójico es que el mundo, a pesar de su inconciencia, ha superado las sombrías predicciones de malthusianos antiguos y modernos sobre la incapacidad de la Tierra de mantener a sus habitantes. Hoy, en el umbral del siglo XXI, se pueden producir incluso más alimentos de los que necesita la población mundial. Los avances tecnológicos de las últimas décadas han alcanzado niveles impensables. Por ello, es increíble que a estas alturas todavía debamos plantearnos un problema tan viejo como la humanidad: el hambre. Debido a esta increíble paradoja, la FAO convocó a la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en Roma, entre el próximo 13 y 17 de noviembre. Será la primera oportunidad -y quizás la última del siglo- para que los dirigentes mundiales discutan cómo terminar con la más antigua de las calamidades humanas. Además de hito histórico, esta cumbre será la culminación de un complejo proceso de análisis mundial sobre el desarrollo humano, que se dio a través de diversas conferencias y cumbres -Rio de Janeiro, El Cairo, Copenhague, Beijing, Estambul-, con la participación de casi 200 países. Esta manera interdependiente de enfrentar nuestros problemas debe impulsarnos a redescubrir la prodigiosa esencia humana capaz de alcanzar el sueño milenario de eliminar el hambre y, al mismo tiempo, conservar el planeta. * el autor es senegalés, Director General de la FAO Grandes plumas: Tania Libertad - Contra la aridez del alma
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