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Contrapunto

Uso y abuso de plaguicidas - la paradoja química

Por Sebastiao Barbosa


Las plagas han marcado la historia del mundo agrícola. En la antiguedad, adoptaron un carácter divino, según refieren la Biblia y otros libros sagrados. En la memoria colectiva moderna, la imagen de una lluvia de langostas sobre los campos es aún apocalíptica.

Hace apenas medio siglo, se comenzaron a desarrollar, de la mano de la química, algunas alternativas para el control de plagas. Los primeros insecticidas fueron seleccionados de productos químicos que se crearon durante la SEgunda Guerra Mundial con el fin de eliminar seras humanos. Por estos antecedentes y por sus nocivos efectos ambientales, los plaguicidas son los agroquímicos más conocidos por la opinión pública.

Más plaguicidas, más plagas

Los seres humanos hemos desarrollado una serie de prácticas agrícolas con el fin de aumentar los niveles de productividas de los cultivos y satisfacer nuestrar necesidades alimenticias. Pero muchas de estas prácticas -entre ellas, los plaguicidas- actúan como un boomerang: impulsan la aparición de nuevas plagas y hacen que las existentes sean más destructivas. La aplicación abusiva de plaguicidas es uno de los fenómenos más nocivos para la agricultura. Irónicamente, los mismos productos que hace sólo medio siglo surgieron como solución ideal para combatir las plagas, hoy son los responsables de hacerlas más difíciles de controlar.

Los plaguicidas destruyen insectos, hongos ratones, malezas y otros. Se sabe que existe más de un millón de especies de insectos, del cual apenas unos cientos son considerados nocivos. Otros son polinizadores, parasitoides y depredadores (que controlan las plagas) y el resto forma parte de una biodiversidad resopnsable de mantener la cadena animal en equilibrio. Constituyen alimentos para los pájaros, los reptiles, etcétera.

En el caso específico del control de los insectos-plagas, los plaguicidas interfieren sobre las otras especies y rompen el equilibrio establecido por la naturaleza. Por otra parte, el uso continuado de un mismo insecticida produce resistencia. Cuanto más se utilice un mismo producto, más rápida es la resistencia a él. La eliminación de los enemigos naturales de las plagas y la aparición de formas resistentes son hoy las causas de mayores pérdidas en la agricultura. Se genera un círculo vicioso: al aumentar la aplicación de plaguicidas se crean plagas más difíciles de controlar. Si los primeros insecticidas surgieron de productos químicos usados durante la guerra para eliminar personas, no debemos dudar de su efecto nocivo en los seres humanos.

Como en el caso de los productos farmacéuticos, la química agrícola ha evolucionado mucho en los últimos años y se han producido plaguicids que, con una mínima vigilancia, no provocan ningún daño. Todavía hoy encontramos en las bodegas productos extremadamente tóxicos que requieren un manejo muy cuidadoso, para que no afecten al aplicador, los agricultores, las poblaciones urbanas, los animales domésticos y el medio ambiente en general.

Los efectos negativos de los plaguicidas son más notorios en los países en desarrollo que en el mundo industrializado. De acuerdo con diversos estudios, se estiman que en las naciones en desarrollo, aunque se utiliza sólo el 20 por ciento de todos los agroquímicos disponibles en el mundo, ocurre el 99 opr ciento de todas las muertes ocasionadas por su uso arbitrario. En el futuro, si no se toman medidas para un uso racional, podría registrarse un aumento desordenado de estos químicos en la búsqueda de alcanzar la seguridad alimentaria.

Esto plantearía un gran peligro tanto para los ciudadanos como para el medio ambiente y la sustentabilidad de la actividad agrícola. Los países en desarrollo -que, además de garantizar la seguridad alimentaria de su población, necesitan excedentes para exportar- deben producir alimentos seguros, una de las exigencias fundamentales de los países importadores.

Prácticas alternativas de control

Hoy se buscan diversas alternativas de control, como los bioplaguicidas, los parasitoides, los depredadores y los insecticidas de origen orgánico (botánicos). También figuran nuevas formas de establecer cultivos como, por ejemplo, una mejor preparación del suelo, la mezcla de diferentes especies de plantas, el establecimiento de vades y fechas de siembra, la destrucción de rastrojos e incluso el uso de productos químicos con menor grado de toxicidad. Estas nuevas prácticas constituyen lo que se conoce como el manejo integrado de plagas. Su objetivo no es eliminarlas totalmente sino tratarlas de manera que no causen daños económicos en los cultivos.

El manejo integral requiere de una amplia participación de los agricultores, de los técnicos y de la comunidad en general. A pesar de los importantes avances logrados en los últimos años en materia de prácticas alternativas de control de plagas, su adopción a nivel de los agricultores es mínima. Por una serie de condiciones que prevalecen en el agro, el mundo en desarrollo no puede prescindir hoy de los plaguicidas. Lo que sí podemos hacer es buscar y optar por los agroquímicos menos tóxicos para el ser humano y para el medio ambiente, con el fin de complementar los métodos alternativos hoy disponibles. Deberemos, así, aprender a vivir con la paradoja agroquímica.

* el autor es brasileño, Oficial Regional de Protección Vegetal, FAO

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