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Semillas de cambio

Por Alexander Schejtman


En América Latina y El Caribe, nueve países tienen una oferta de alimentos insuficiente, inestable y altamente dependiente de las importaciones. El Salvador, Panamá, República Dominicana, Bolivia, Guatemala, Haití, Honduras, Perú y Nicaragua exhiben los niveles más altos de población subalimentada: concentran el 47 por ciento de la desnutrición de la región, pese a que representan sólo el 16 por ciento del total de habitantes.

En el resto de naciones -incluso aquellas exportadoras de alimentos o que han experimentado largos períodos de crecimiento económico- un elevado porcentaje de la población no tiene acceso a los niveles mínimos de nutrición. Y es que la seguridad alimentaria está estrechamente ligada a la mala distribución de los ingresos y a la persistencia de la pobreza. Por ello, debemos considerar sus raíces estructurales y la diversidad de ámbitos comprometidos en su relación con el medio ambiente.

La sustentabilidad alimentaria no se reduce a la actividad agrícola, sino que abarca las relaciones entre los agentes que intervienen a lo largo de la producción, transformación agroindustrial, acopio, distribución y consumo de alimentos.

Algunos de los principales problemas derivan de los esquemas de distribución de la tierra. Existen diversos ecosistemas sometidos a tensión, debido a los vínculos entre pobreza y deterioro ambiental, que han provocado deforestación del trópico húmedo y erosión de lomajes, laderas, tierras áridas y semi-áridas. En la agricultura moderna, prácticas como el uso ineficiente del riego, la sobremecanización, el uso intensivo de agroquímicos y el monocultivo han producido también diversos daños ambientales, como la pérdida de la biodiversidad.

Cinco pasos

Una política alimentaria sustentable debe asegurar que todos los latinoamericanos -cualquiera sea su nivel de ingreso- tengan acceso a las condiciones necesarias para lograr un grado adecuado de nutrición. Es vital reducir al mínimo la inestabilidad de flujos y precios de los alimentos básicos, así como la dependencia externa, a partir del desarrollo de cultivos autóctonos subexplotados y del fomento de acuerdos blaterales, subregionales o regionales.

Urge, además, romper el círculo vicioso que une un cierto patrón de modernización con el incremento de la pobreza y el deterior de la naturaleza, a través de enfoques específicos para los ámbitos de mayor tensión: el trópico húmedo, la sierra y otras áreas con pendiente, suelos de riego en vías de salinización y los asentamientos urbanos precarios.

En síntesis, cincon son las semillas de cambio: equidad, suficiencia, estabilidad, autonomía y sustentabilidad.

* el autor es boliviano, economista principal en política agrícola, FAO

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La crisis alimentaria del mundo - Por Otto Solbrig>


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