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| Comprar o Ser Por Alicia Bárcena "El rico no es el que más tiene sino el que menos necesita". Escuchar esta frase del músico argentino Facundo Cabral transformó profundamente mi visión de la vida y evocó mis experiencias en las tierras mayas, donde se optaba por el ser más que por el tener. Para los indígenas, el poder era del que más sabía y no del que más tenía. La sabiduría, símbolo de status, se traducía en un sistema de vida más armónico con la naturaleza, más ordenado en lo social y de incalculable valor, pero sin precio en el mercado. Sin embargo, las etnias tampoco son ajenas al vicio de tener de la vida moderna, difundido por los medios de comunicación. Uno encuentra Coca-Cola en todo el planeta, así como un televisor, que es la aspiración básica de una familia. El consumo es parte de la esencia de la humanidad, es un mecanismo de apropiación efectiva y rápida de bienes y servicios. No obstante, el ser humano también tiene capacidad de elegir: tener o ser. Todos somos consumidores, dependiendo de nuestro poder adquisitivo. Hay una diferencia sustancial entre uso necesario y consumo suntuario. Hay sociedades que guardan un mayor equilibrio con la naturaleza y el entorno. Pero las industrializadas causan daños prácticamente irreversibles. El crecimiento poblacional del Norte es más riesgoso para el planeta que el del Sur por los niveles de consumo per-cápita: un estadounidense consume dos veces más energía que un japonés, tres más que un español y 100 más que un habitante de Bangladesh. El ciudadano común está en la disyuntiva de votar por la seguridad alimentaria o por la dependencia, por la comodidad o por la solidaridad. La decisión es muy compleja, pues se enfrenta a un bombardeo cotidiano de publicidad consumista y globalizante, expresada en la concentración del capital, la información, en la tecnología y el poder productivo en muy pocas manos, generalmente las transnacionales. Esto ha provocado una mayor dependencia. Está ahora en riesgo el equilibrio entre producción, tecnología, consumo, población, crecimiento económico y medio ambiente. Lo que está en juego es el derecho a ser frente al vicio de tener. Bajo el eslogan de "producir más con menos" se sustituye al hombre por la máquina. La paradoja de la modernidad es que hay una tendencia al consumismo pero un colapso del poder adquisitivo. El principio soterrado del sistema neoliberal es: proteger al consumidor, sacrificando al trabajador. El consumidor tiene, sin embargo, un incalculable poder dentro del libre mercado: negarse a ciertas tendencias consumistas e insostenibles y ser consciente, solidario y, por tanto, más libre. Debemos prepararnos para una sociedad que aún no existe. Como dice Leonardo Boff: "debemos liberarnos de esa prisión expresada a través de un patrón de comportamiento que nos pone contra el sentido solidario del universo, y colocarnos por encima de las cosas, dominándolas." El ciudadano planetario debe educarse en la esperanza de soñar la utopía de un orden nuevo, donde sea posible la afirmación, la liberación y la recreación del ser. * La autora es mexicana, Asesora del Programa de Ciudadanía Ambiental, PNUMA. Próximo artículo:
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