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¿Cuánto mide?


Nuestra huella ecológica

Por Mathis Wackernagel

¿Se ha puesto a pensar qué extensión de tierra se necesita para producir todos los recursos que usted consume y para absorber sus desechos? Si todos viviéramos según los estándares de vida de los países de alto consumo, como Canadá y Estados Unidos, se necesitarían por lo menos tres planetas Tierra para proveer los materiales y energías requeridos, y absorber los desechos resultantes.

Nuestra Huella Ecológica

Una ciudad exige un área ecológicamente productiva muy superior a su superficie para obtener alimentos, combustibles, agua y materias primas, así como para verter desechos. Ese terreno, del cual la ciudad depende, se llama "huella ecológica".

De esta manera, la sociedad puede comparar su consumo con la limitada productividad ecológica de nuestro planeta. La tierra ecológicamente productiva por persona ha disminuido en el mundo. Factores importantes son el crecimiento demográfico, la erosión de suelos y la desertificación.

Hoy, hay 1.5 hectáreas por persona (aproximadamente la cuadra de una ciudad), las cuales deben alojar también a los otros 30 millones de especies con quienes compartimos el planeta. En contraste, países de alto consumo requieren de dos a cinco hectáreas por persona.

Si la población mundial continúa creciendo como está previsto, para el año 2030 habrán 10 mil millones de personas y cada una dispondrá en promedio de sólo 0.7 hectáreas de tierra productiva. Esto suponiendo que se detenga la galopante degradación del suelo.

Así, la huella ecológica muestra el conflicto entre las distintas demandas humanas y compara éstas con lo que la naturaleza puede suministrar. Por ejemplo, Holanda utiliza para vivir 15 veces más tierra de la que posee, pues los asentamientos humanos no afectan sólo el área en que se encuentran construidos. Además, países como éste sólo son posibles cuando hay otros que estén dispuestos a proveerles la capacidad ecológica que les falta.

Para asegurar que nuestras comunidades sean sustentables, su consumo debe permanecer dentro de los límites de productividad de la naturaleza.

En otras palabras, la naturaleza no es una mera colección de atracciones o un lugar de recreación, sino que es la fuente de nuestra existencia.

No tenemos opciones para decidir si debiéramos vivir dentro de los límites ecológicos, pero sí sobre cómo hacerlo. Si ahora actuamos sabiamente, todavía tendremos tiempo para hacer que nuestras comunidades puedan vivir dentro de los límites ecológicos y, al mismo tiempo, incrementar su calidad de vida. Con la huella ecológica podemos evaluar rápidamente el impacto global de individuos, comunidades, ciudades o naciones. Es una herramienta de reflexión y enseñanza que ha probado ser útil en salones de clase, actividades de planeación urbana, evaluaciones de proyectos, entre otros.

Sí, es posible asegurar el bienestar humano con el patrimonio ecológico que tenemos prestado de nuestros hijos. Y la huella ecológica nos indica si caminamos en buena dirección.

* El autor es suizo, investigador de la Universidad Anáhuac de Xalapa, Veracruz, México.

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