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La venta de la felicidad

Por Arsenio Rodriguez

En cada una de nuestras vidas han existido momentos de felicidad. Y parecería ser que los más auténticos no han dependido necesariamente de la posesión de cosas materiales.

Capturados por las exigencias biológicas de nuestros cuerpos y las demandas sutiles de nuestras mentes, marchamos en pos de satisfacer necesidades y deseos. En pos de la felicidad. Pero como decía el Principito de Antoine de Saint-Exupéry: "Los hombres emprenden camino en trenes expresos, pero no saben lo que están buscando. Por eso se afanan, se excitan y dan vueltas y vueltas..."

Nos aproximamos a esa imaginaria y mítica marca del milenio. Llegamos con una casa-planeta más pequeña, repleta de especie humana y con apetitos de consumo sin precedentes: el hombre moderno promedio, por ejemplo, consume 20 veces más energía que hace 500 años, pero hoy somos cinco mil millones más que entonces...

Una gran parte de nuestro consumo no está ligado a satisfacer las necesidades básicas, sino a la adquisición de lo más superfluo.

Para impulsar un mercantilismo desaforado, hemos construido una sociedad donde la vanidad y la codicia se convierten en virtudes y la profundidad de carácter y la generosidad en debilidades.

La ausencia de valores, la búsqueda desenfrenada de satisfactores materiales, nuestras enormes poblaciones y las tecnologías modernas que impulsan el consumo intensivo, se combinan para provocar una profunda crisis humana, signada por la inequidad, la indiferencia hacia los demás y la irreverencia hacia la vida y la naturaleza.

Aumenta la tensión emocional de la vida en nuestras aglomeradas urbes, la degradación del entorno, la inseguridad social y la frustración.

El mundo, como decía Gandhi, puede sostener la población humana actual y más, pero no puede sostener la avaricia de la humanidad.

Porque el consumo irracional empobrece nuestra capacidad de sentir, de encontrar la felicidad a través de nuestro aprecio por la vida y la naturaleza, de nuestra generosidad, de nuestra poesía.

* El autor es puertorriqueño, director regional del PNUMA.

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