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Grandes plumas: Álvaro Mutis

Fallamos como especie


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"Sketch for composition II" de Wassily Kandinsky

“Mi familia toda se crió en haciendas. Y yo, aunque nací en Bogotá, tengo en la sangre esta condición de persona del campo muy conciente de la relación con la naturaleza, con toda ella: los animales, el cielo, el sistema solar, la vegetación, los minerales, los ríos, sobre todo los ríos. Uno de mis antecesores fue José Celestino Mutis, un sabio un científico amigo de Humboldt, que hizo la expedición botánica en Nueva Granada.

A esa memoria, a esa historia vivida, atribuyo mi preocupación, mi vigilancia constante y mi necesidad de estar relacionado con la tierra caliente, a tal punto que aquí, en mi jardín, en mi hogar de Ciudad de México, tengo dos plantas de café, una de plátano, una de mora, las tengo ahí porque necesito el contacto con ellas.

Todo lo que he escrito tanto en poesía (siete libros) como en prosa narrativa (7 novelas y un libro de relatos) ha buscado mantener esa relación con la tierra caliente, con aquellas fuerzas vitales que me despiertan la imaginación. Yo no escribo sino para mantener viva en mí esa presencia de la tierra caliente. Voy al campo e instantáneamente entro a un estado de ánimo muy particular, armado no de una alegría desbocada sino de serenidad y equilibrio, y siento que el cuerpo y el alma me están diciendo ‘estamos en contacto con lo nuestro’.

Sin embargo, los hombres hemos trabajado minuciosamente para destruir la tierra caliente, para transformar las ciudades en infiernos. Y no estoy diciendo nada nuevo: nos vamos a morir por la bomba atómica, ni por el SIDA, sino de hambre. El otro día vi el mapa del hambre de la FAO en Roma.

Descubrí que el país más rico del mundo (Estados Unidos) tiene ya las manchas rojas del hambre. Un niño famélico padece daños genéticos que cuesta 100 años revertir. ¡Pensemos en los centenares de millones de niños en el mundo que ya tienen esa lesión! Se trata, claramente, de un esquema de suicidio, nos estamos matando. Es una verdadera crisis civilizatoria.

Fallamos como especie. ¿Se puede argumentar en contrario cuando en un mundo, supuestamente tan progresivo y tan lleno de avances técnicos, sucede un crimen como el de Yugoslavia? Porque no se trata de un crimen en nuestro pobre continente o en África, sino de una masacre planeada que pertenece a lo diabólico y que ocurre en pleno centro de Europa, a 45 minutos en jet de Roma, a una hora de París. Los costos de estos conflictos son inconmensurables. Va a requerirse más de un siglo para repara los daños ambientales sobre todo la defoliación de los bosques- que se perpetraron durante la guerra de Vietnam. Esta falta de lógica, esta irracionalidad indican que estamos en un proceso de suicidio.

Y me parece muy conmovedor que organismos internacionales, gobiernos y entidades privadas traten de crear y establecer una conciencia en torno a este alejamiento, a este dar la espalda a la naturaleza que nos está llevando a la muerte. Pero, aunque yo creo profundamente en la vida, no dejo de ser escéptico frente al estado de cosas en este fin de milenio”

* Extracto de entrevista exclusiva otorgada por el escritor colombiano a Tierramérica.

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