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Del fondo de la tierra

Por Raúl Ronzoni


A 16 kilómetros del centro de Montevideo un grupo de “fanáticos de la calidad de vida” realiza un proyecto agroecológico.

Desde 1989, sobre un predio de 14 hectáreas, un nutrido grupo de agricultores hunde la pala en la tierra para fortalecer el proyecto Eco-comunidad. Un acuerdo entre Redes-AT (Red de Ecología Social Amigos de la tierra) y la Cooperativa Comunidad del Sur lo hizo posible.

La erosión de los suelos es uno de los blancos de combate del proyecto. Para ello “hemos incorporado materia orgánica de diferente tipo, como estiércol de pollo, humus de lombriz y abonos verdes (vegetales), además de hacer rotación de cultivos”, comenta Rubén Prieto, de Redes.Un suelo fértil puede contener hasta 25 toneladas de seres vivos por hectárea: lombrices, insectos, bacterias, hongos, nematodos y otros parásitos, según el experto Jerome Belanger.

Los granjeros cultivan tomates, frutillas, acelga, remolacha, nabos, lechuga y papa. De esa manera evitan la degradación de los suelos al tiempo de combatir las plagas.En nuestro país, las experiencias en agroecología son específicas y quienes trabajan en ellas buscan transferirlas a otros productores.Agrónomos y estudiantes de esa especialidad respaldan a Prieto en el trabajo de la granja, donde se mezclan los conocimientos teóricos con las viejas recetas abandonadas debido al “modernismo tecnológico”.

Existe una mesa coordinadora de agroecología que intercambia experiencias e información. En mayo se realizó en Montevideo un simposio sobre comercialización y producción donde participaron delegados de Paraguay, Chile, Argentina y Brasil que integran el Movimiento Ecológico Latinoamericano (MAELA). En Uruguay hay 60 productores que experimentan en granjas ecológicas y se proponen además evitar la incesante migración del campo a la ciudad.

Estos proyectos no reciben apoyo directo del gobierno, por lo cual están al margen de créditos especiales o apoyo exterior. “En cambio, la Universidad respalda algunas investigaciones dice Prieto- y del acuerdo entre Redes y la Facultad de Agronomía estudia el manejo alternativo de plagas con resultados positivos”. “Pudimos observar que en nuestro sector rural había diez veces más insectos (defensores de cultivos) que en campos vecinos donde usan agrotóxicos”, afirma.

El proyecto Eco-comunidad no pretende exportar, pues opta por la producción familiar, la disminución de costos y el freno a la migración rural.“Queremos que el consumidor reciba mejor calidad sin pagar más. Deseamos cambiar el criterio de que o mejor debe estar destinado a la exportación, aspiramos al desarrollo de mercados locales”, argumentan algunos entrevistados. Enfrentando opiniones adversas, Eco-comunidad sostiene que la agroecología es viable en Uruguay pues la experiencia así lo demuestra.El proyecto comenzó cuando se utilizó la producción para consumo interno y para un pequeño grupo de personas que aún reciben en su domicilio una caja de hortalizas semanalmente.Ahora la mayor parte se vende en ferias vecinales y en supermercados.

En algunos lugares, por iniciativa de los granjeros, se crearon ferias semanales para la venta de productora agroecológicos, como en Colonia Valdense, en el departamento de Colonia.Sin embargo, la posibilidad de exportar existe y la cercana Buenos Aires puede ser un destino.

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