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¿Mercantilizar la naturaleza?

Por Héctor Sejenovich


¿Conservamos el medio ambiente o usamos los recursos para la producción? La dicotomía economía / ecología no refleja un conflicto entre disciplinas, sino entre sectores sociales respecto a la apropiación y uso de los ecosistemas.

Una visión de “productivismo desarrollista” -destinado a maximizar la ganancia a corto plazo- sirvió de marco conceptual para elaborar indicadores de desarrollo. Por lo tanto, no fue extraño que el Producto Interno Bruto (PIB) omitiera la existencia, variación o degradación de los recursos naturales y las alteraciones de la calidad de vida.

La concepción económica dominante parece valorar más a un país que aumenta sus actividades productivas a través del agotamiento de sus recursos y la marginación de amplia población, que a otro, cuyo crecimiento es inferior pero con base a la conservación de su capital natural y menor exclusión social. La metodología para la elaboración de cuentas nacionales y el PIB no ha cambiado a más de 20 años de la Conferencia de Estocolmo, donde por primera vez los gobiernos se plantearon la problemática ambiental. Las actividades económicas utilizan los dones de la naturaleza y le devuelven desechos.

Dentro de sus costos no incluyen aquellos que posibilitarían un uso sustentable de los recursos para las generaciones futuras. Pero una nueva visión de la economía -aún emergente- propone considerar los ecosistemas y el objetivo social de la producción. Tras varios intentos, en 1988 se planteó a nivel regional la elaboración de cuentas del patrimonio natural a través de los costos de manejo, junto con las cuentas nacionales, metodología que publicó este año la Fundación Bariloche y el PNUMA.

Las cuentas patrimoniales consideran todos los costos (inclusive los de reproducción de la naturaleza) y todos los beneficios económicos, ambientales y sociales (también el manejo integral de los ecosistemas). Pueden medir cuántos recursos tenemos, cuáles son, cuál es su posible utilidad, la restitución de los daños, el estímulo a la regeneración, la sustitución de los recursos no renovables, las transformaciones adecuadas de los ecosistemas y los efectos de las actividades económicas sobre las personas.

Esta metodología valoriza todas las tareas encaminadas a lograr que la reproducción anual de la naturaleza brinde a las actividades económicas una oferta ecosistémica sustentable (recursos naturales, hábitat y fuentes energéticas). Vivir del capital natural En las cuentas patrimoniales se puede calcular el crecimiento y la disminución de los recursos, información clave para el diseño de las alternativas de manejo.

En un esquema sustentable, las disminuciones serán equivalentes al crecimiento, por lo tanto, la existencia final será igual o superior a la inicial. Podríamos vivir, entonces, de los intereses del capital natural y generar una oferta ecosistémica que sirva como materia prima a otras actividades productivas. Pero si las extracciones son superiores a los crecimientos podría agotarse el capital natural y disminuirían las actividades económicas en el futuro.

¿Es esta una propuesta para “mercantilizar” la naturaleza”? Todo lo contrario: la naturaleza está mercantilizada desde que el colonialismo nos despojó de parte de los recursos que crearon el sistema económico imperante. En realidad, lo que proponemos es pagar un “salario” a la naturaleza por todo lo que ella nos ha ofrecido. Quienes propiciamos una sociedad donde domine el “ser” y no el “tener” no debemos reducir el valor de la naturaleza a un indicador económico conmensurable.

Sin embargo, a corto plazo, necesitamos una metodología que permita, al menos, la reproducción sustentable de la vida en nuestra castigada biosfera.

*el autor es argentino, profesor de la Universidad de Luján y de la de Buenos Aires

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