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|   Economía con un rostro ambiental Por Nicolo Gligo Hoy existe mayor conciencia crítica y presión política para articular la dimensión ambiental con la economía Intentemos un breve recorrido por el mapa del desarrollo de América Latina y el Caribe: casi sin excepción constatamos que las políticas económicas se imponen con tremenda fuerza frente a las ambientales. ¿Por qué se posterga el medio ambiente? El principal argumento de los economistas suele ser que deben priorizarse, sin restricciones, las inversiones productivas que generen empleo e ingreso. Y -dicen- ésta es una necesidad tan urgente que no se puede posponer en función de la calidad ambiental. Se critica así a los ambientalistas y a los movimientos civiles por “frenar” el desarrollo. Para estos críticos, la problemática ambiental aparece como un obstáculo que hay que salvar lo mejor posible, aunque sea sólo por cuestión de imagen. Sin embargo, muchos esfuerzos se han realizado en los últimos años para establecer planes de desarrollo ambientalmente sustentables. Hoy existe mayor conciencia crítica y presión política hacia ese horizonte: ¿cómo establecer un modelo de desarrollo donde la dimensión ambiental se articule con la economía? Un modelo en entredicho El modelo de desarrollo actual es criticado por su bajo grado de sustentabilidad: las economías se proyectan a muy corto plazo y, en muchos casos, sobre bases falsas al no contabilizar el consumo de recursos naturales y la pérdida de atributos de los ecosistemas. El factor fundamental es la estructura productiva y la exportable, basadas en la producción primaria de los recursos naturales y en mínimas transformaciones de ellos. Cuando se cosecha la anchoveta y se pulveriza como harina de pescado o cuando los bosques nativos pasar por una máquina para ser convertidos en astillas, la producción computada es industrial. Pero el valor agregado es mínimo. Por otro lado, las políticas de ajuste imperantes dan prioridad a las variables macroeconómicas en una visión cortoplacista. El endeudamiento fomenta exportaciones sin medidas de protección ambiental, mientras la reducción del déficit fiscal obliga a recortar gastos para control del entorno. En la región persiste la pobreza y se agudiza la diferenciación social. En áreas urbanas marginales se vive en medios contaminados, sin los mínimos servicios básicos y con riesgo de aluviones, inundaciones y otras catástrofes. En el sector rural, el campesino se ve obligado a sobreexplotar sus recursos, sobre todo el suelo. La diferenciación social crea élites muy ricas con patrones de consumo sofisticados que presionan algunos recursos y que generan residuos más contaminantes. La emergencia del mercado como ente regulador provoca un inadecuado uso del espacio. Las inversiones se concentran en las áreas más ricas y las más pobres quedan abandonadas y desprotegidas. Mejores días ¿Cómo, entonces, romper esta inercia? No hay duda que debemos ubicar el problema en la esfera del desafío político, tal cual está posicionada hoy la estrategia económica. Los enfoques de política ambiental deben responder a los problemas de supervivencia y de calidad de vida, dando prioridad a cambios que se traduzcan en trabajo e ingresos y que permitan retener excedentes locales para un desarrollo más armónico. Las políticas económicas deben incorporar los cálculos de costos y beneficios ambientales. No obstante, no todo puede valorizarse, ya que no podemos caer en posiciones economicistas frente a cuestiones éticas sobre la vida y la salud humanas. Los esfuerzos no tendrán éxito si no se apunta a la sustentabilidad global del desarrollo. El problema tiene proyecciones internacionales, ya que muchos espacios están sometidos a una extracción compulsiva condicionada por el mercado internacional. Debemos recuperar una visión “más desde abajo” en función de los valores de las comunidades. La participación civil no debe entenderse sólo como una consulta masiva al público sino como la expresión de universidades, organismos no gubernamentales, colegios profesiones, grupos vecinales y laborales, etc. Si mucho de esto se logra, es posible prever mejores días para el medio ambiente en la región. * el autor es chileno, coordinador de la unidad de medio ambiente de la CEPAL Próximo
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