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Esfuerzos ambientales en la región


Ahorramos toda la deuda

Por Carlos Suárez

América Latina y el Caribe es la región que menos co2 emite a nivel mundial. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer.

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El basurero de llantas más grande del mundo en Mexicali, Baja California Norte, México

Todas las fuentes de energía producen, en mayor o menor medida, impactos negativos sobre el entorno natural y humano. Son de carácter muy variable y heterogéneo y, por lo tanto, difíciles de comparar al momento de buscar el impacto total mínimo posible.

 

Aunque a América Latina y El Caribe le queda mucho camino por recorrer, sus empresas de energía han realizado importantes aportes ambientales.

La región logró en los últimos 25 años un avance clave en relación con uno de los más graves impactos: la emisión de gases de efecto invernadero, básicamente el dióxido de carbono, CO2.

Hoy tiene el menor coeficiente mundial de emisión específica de CO2 por unidad energética, medido en toneladas de carbono por tonelada equivalente de petróleo (ton C/tep). Y entre 1970-95, registró una importante declinación de dicho coeficiente. (ver gráfico 1).

Ello se debe al uso intensivo de los recursos hidroeléctricos, gas natural, geotermia y energía nuclear, y a una muy baja utilización del carbón.

Sin embargo, los esfuerzos contra el co2 tienen su contrapartida. El uso intensivo de la energía del agua plantea también desafíos ambientales: la inundación de tierras y el desplazamiento de poblaciones, entre otros.

En un estudio para Olade, hace poco más de dos años, concluí que se registra una disminución del promedio del área inundada por megavatios instalados en la región. Aunque la situación es muy variable, el valor promedio regional es de 51 hectáreas por megavatio hacia 1990.

En relación con la población desplazada, la información es incompleta y no es factible elaborar series históricas, pero tenemos algunas pistas (ver cuadro 2).

Para medir el impacto de una presa sobre la población dividimos la que es desplazada por la obra para la potencia instalada en megavatios (hab/mv). Notamos así que la variabilidad es muy grande: en el caso de la presa de Itaipú, entre Brasil y Paraguay, la población afectada es de 2.8 habitantes por megavatio (hab/mv). En cambio, el indicador para la presa mexicana Miguel Alemán es de 136 hab/mv. Uno de los casos extremos es el de Sobradinho, Brasil, que desplazó a 75 mil personas.

Ahorro millonario

¿Qué pasa si intentamos hacer una valoración económica de los impactos ambientales relacionados con la energía?

Se pueden estimar las toneladas de dióxido de carbono no emitidas por la región en 1970-90 y las que no emitirá en el futuro gracias a las obras hidroeléctricas, geotérmicas y nucleares construidas en ese período: ese valor alcanza los 13 mil 500 millones de toneladas de CO2.

Para valorar este ahorro, observemos la siguiente cifra: según estudios del Pnuma/Riso (1992, 1994), el costo de reducción-mitigación de una tonelada de CO2 oscila entre los 2 y 80 dólares en los países en vías de desarrollo.

Si tomamos un valor intermedio razonable de 30 dol-ton CO2, podemos decir que el esfuerzo de mitigación ya realizado por nuestra región en el período 1970-90 tiene un valor económico de unos 415 mil millones de dólares. Se trata de una cifra equivalente a la totalidad de la deuda externa regional en 1990 (425 mil millones de dólares).

Es, por tanto, enorme el esfuerzo que la región realizó en los últimos 25 ó 30 años. Los logros no son despreciables, pero queda mucho por hacer para mitigar los efectos negativos de la energía.

De acuerdo con Olade, se prevé que las emisiones totales de CO2 de América Latina se incrementen en un 80 por ciento entre 1990 y 2010, con un monto acumulado de 30 mil millones de toneladas de CO2. Esta tendencia se debe, entre otras cosas, al fuerte incremento en la producción eléctrica, la caída del sector industrial asociada al proceso de desindustrialización y terciarización de la economía, y al retroceso de la electricidad primaria (hidroeléctrica, geotérmica y nuclear), cuya emisión de CO2 es nula.

Estos son los grandes desafíos que deberemos enfrentar en la definición de nuestra futura estrategia de desarrollo energético.

* El autor es argentino, investigador de la Fundación Bariloche.

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