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Contrapunto Alcohol vs Petróleo Por Roberto Messias Franco En reemplazo del crudo, un derivado de la caña de azúcar -el alcohol- mueve a la flota vehicular brasileña. ¿es una experiencia exportable? El siglo XX fue, sin duda, el siglo del milagro petrolero. El "oro negro" impulsó los transportes y se convirtió en materia prima para una infinita gama de productos, desde los plásticos a los pesticidas, desde los tejidos a los compuestos de la industria química. Revolucionó así el modo de vida de la humanidad. En nuestra región, los sistemas de transporte se erigieron con base en el petróleo. Distintos tipos de gasolinas -sus derivados- mueven una flota de vehículos que es la mayor responsable de la contaminación atmosférica. Pero, ¿cómo sería el transporte sin petróleo? Brasil se planteó esa pregunta y en 1975 decidió reemplazar la gasolina por el alcohol. Hoy, el 15 por ciento de sus autos no requieren del crudo: se mueven con alcohol, derivado de la caña de azúcar. El resto consume una mezcla de gasolina con alcohol. ¿Alcohol o petróleo? La experiencia -única en la región- sugiere un debate aún subterráneo, que involucra cambios en el modelo energético latinoamericano y en la civilización del petróleo. Para muchos, el uso del alcohol representa una verdadera alternativa energética: genera empleo, usa energía renovable, contamina menos y alienta la tecnología nacional. Para otros, es inviable porque tiende a reproducir antiguos problemas en la tenencia de la tierra, provoca una competencia con la producción alimentaria e impacta, aunque de manera distinta a la gasolina, en la calidad del aire. Una producción endógena Físicamente, el petróleo es una materia prima abundante, no renovable y de distribución desigual. En el aspecto socioeconómico es un gran generador y concentrador de riqueza. En menos de un siglo enriqueció a países, regiones, empresas y familias: con razón se dice que el mejor negocio del mundo es un proyecto petrolero bien administrado. Pero el crudo genera relativamente pocos empleos y provoca daños ambientales desde su extracción hasta su uso como materia prima industrial. La "primera crisis" del petróleo en 1973 mostró la necesidad de desarrollar alternativas para quienes carecen del recurso y tienen otros "inputs" o factores de producción. En Brasil, el Programa Nacional del Alcohol (Proalcohol) se basó en otros recursos distintos del crudo: agua, sol, tierra y mano de obra. Se produjo un gran volumen de alcohol a un precio competitivo con el del petróleo, que en aquella época costaba unos 40 dólares por barril, más del doble que en la actualidad. El alcohol representa una producción endógena, captadora de divisas y generadora de empleos y de tecnología nacional. Proalcohol permitió el ahorro de casi 2 mil millones de dólares destinados a la compra de petróleo y se calcula que genera más de un millón de empleos directos. Además, al sembrar caña de azúcar -materia prima del alcohol-, se revaloriza el campo. Según el analista argentino Gilberto Galopin, del total de tierras potencialmente cultivables en la región, sólo 23 por ciento son efectivamente cultivadas, sin contar pastizales, bosques y sabanas. En términos ambientales, la adición del alcohol carburante a la gasolina aumenta su poder de combustión y restringe la contaminación ambiental por metales pesados. Pero en el debate sobre la generalización de la experiencia brasileña se expresan algunas reservas. Por ejemplo, el riesgo de un proceso extremadamente concentrado de producción con base en una sola materia prima y en manos de unos pocos latifundistas, que podía reeditar los viejos problemas de tenencia de la tierra. Además, el proceso de distribución, también concentrado, puede obstaculizar la autosuficiencia energética regional, este sí, un principio del desarrollo sustentable. Han faltado, por otro lado, recursos para el desarrollo de una industria de alco-química (otros derivados del alcohol), con inversiones adecuadas a sus necesidades. Tampoco se puede ignorar el problema potencial del uso de suelos, en especial donde éstos son escasos y podrían dejar de ser usados para obtener alimentos. Esto sería definitivamente absurdo. Pero no seamos ingenuos: es imposible transitar de un día para otro a un nuevo modelo energético basado en las materias primas renovables. Pero sí podemos crear una complementariedad entre la civilización del petróleo-gasolina y la del alcohol, que podría incluso producir beneficios en situaciones extremas, como las de la contaminación atmosférica en México. Si consideramos que el sol y el agua dulce son, en general, abundantes en nuestro continente, esta complementariedad puede ser una forma concreta de pensar el desarrollo sustentable.
* El autor es ex secretario de medio ambiente de Brasil. Próximo
artículo: Continuación del Contrapunto:
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