|
|||||
| Acerca de Tierramérica |
|
||||
| Foro de discusión |
| Links Utiles |
| Búsquedas |
| Autores |
| Galería de Portadas |
| Secciones |
| Inicio |
|
Poder de los Bosques Por Olade,
Organización Latinoamericana de Energía,
con sede en Quito Las selvas de El Petén en Guatemala son aún exuberantes. Evocan el paisaje descrito por los conquistadores españoles: inmensos árboles que impedían ver el sol durante muchas leguas. Casi toda la población rural guatemalteca usa la leña obtenida de esa y otras masas boscosas para la cocción de sus alimentos. Lo mismo ocurre al sur, en Brasil, donde 40 millones de personas, un tercio de ellas ubicadas en el sector urbano marginal, dependen de la madera para cocinar.
En realidad, después del petróleo, la biomasa -específicamente la leña- es el energético más utilizado en América Latina y El Caribe. Parece un intento de regresar a los orígenes: utilizar el bosque como fuente de energía, no sólo en actividades domésticas, sino también a nivel artesanal y de pequeña industria. La biomasa aportó en 1994 el 13.7 por ciento de la energía generada en la región, aún cuando el sector residencial mostró un descenso en su consumo, debido al avance de la urbanización. El mayor uso se registra en América Central. El Salvador, por ejemplo, es un país con una cobertura arbórea reducida y, sin embargo, la mitad de su generación energética viene de la biomasa. La obtención de electricidad a partir de residuos de biomasa es una importante opción para las naciones en vías de desarrollo y tiene ya diversas aplicaciones. Guatemala es uno de los pocos países que cuenta con una ley para el desarrollo de fuentes renovables, bajo cuyo esquema se promueve la generación eléctrica con base en la caña de azúcar. En Honduras, se registran experiencias con desechos de madera en instalaciones de mediana y pequeña capacidad, que se utilizan para autoconsumo. Más deforestación, menos biomasa El uso de la leña, como el de otras fuentes de energía, ocasiona diversos impactos ambientales: la pérdida de la biodiversidad, los cambios microclimáticos y el incremento de la erosión, entre otros. Pero su explotación se asocia, sobre todo, a la deforestación. Las estadísticas regionales, sin embargo, contradicen la existencia de una relación tan estrecha: mientras baja el consumo de biomasa como energético, la deforestación aumenta al ritmo de una hectárea plantada por cada 33 perdidas. Y es que se desconocen otros factores decisivos: la expansión de la frontera agrícola, la ganadería extensiva, la explotación industrial de los bosques tropicales y la construcción de carreteras, hidroeléctricas y otros proyectos industriales. Pocos países tienen políticas definidas acerca de la producción y el uso doméstico de la biomasa. La región debe apuntar a crear el marco jurídico adecuado para promover y aprovechar los recursos forestales con fines energéticos, en condiciones de bajo impacto ambiental. Próximo artículo:
|