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| Grandes plumas Nobles y diversos Por Elena Poniatowska Cuando André Breton vino a México, les dijo a Diego Rivera y a León Trotsky, con quienes fue de día de campo en junio de 1938, que México era un país surrealista. No ha dejado de serlo. Las realidades de nuestro continente desde la frontera norte hasta La Patagonia son mágicas para la vieja Europa que, al descubrirnos, se asombra. En los años 40 nos empeñamos, como dijo Alejo Carpentier, quien acuñó el término de "lo real maravilloso", en formar parte de la gran familia europea. Quisimos dejar de ser le bon sauvage y nos volvimos franceses. Ahora queremos, al menos en México, ser gringos. No nos hemos aceptado a nosotros mismos. Siempre queremos ser el otro. Nos propusimos lograrlo en la filosofía, en la arquitectura, en la literatura. A fuerza de describirlas, hicimos que las ceibas pasaran a formar parte de la familia de los dulces castaños europeos. Alejo Carpentier decía que no es necesario describir una cocina como las que pintaba la escuela holandesa de pintura, con sus cazos bruñidos resaltando en la penumbra. En cambio, había que hacer un inventario de lo que significa una cocina poblana con sus miles de jarritos y ollas de barro colgados de los muros, para que los europeos pudieran compararla con la cocina de Bruegel. Las señas e identidad de nuestros países son, lo sabemos todos, las cenizas de la Conquista. El hambre, el despojo, la sumisión, el atraso, el endeudamiento colectivo. Pero también la inmensa grandeza del pasado precolombino, la del paisaje, la nobleza de pueblos que tienen una resistencia india de 500 años, su maravillosa diversidad, que los sociólogos llaman "multietnicidad" o carácter "pluricultural" de la sociedad. En América Latina rige la vieja máxima de "a cada quien según sus posibilidades". Por lo tanto rige, como es bien sabido, la crueldad. Para el libre mercado el más fuerte es el que gana. El neoliberalismo es una teoría económica basada en la idea de que el libre mercado lo regula todo y es bondadoso. Es cruel y devastador. Tú tienes derecho a la salud en la medida en que puedas pagarla, tienes derecho a la educación en la medida en que puedas pagarla. Dentro del mercado todo, fuera del mercado nada. El neoliberalismo excluye a los pobres. Por eso el movimiento zapatista en México ha impactado no sólo a los jóvenes, sino a los campesinos, a los obreros, a la gente de buenas intenciones, al país entero. Se trata de hombres que viven en condiciones seculares de miseria y abandono, en el sureste mexicano, en el estado de Chiapas, uno de los pocos a los que jamás llegó la Revolución y que quedó a merced de los terratenientes y grandes finqueros, explotadores de la madera y del petróleo que utilizaron a los indígenas mayas como carne de cañón. Menospreciados, miserables, talados sus bosques, contaminados sus ríos, pisoteados sus idiomas, el subcomandante Marcos se convierte en portavoz de los indios mexicanos. En nuestro país hay 10 millones de indígenas y, según Fernando Benítez, autor de cinco tomos sobre los indios de México, dentro de 50 años no quedará uno sólo si las comunidades no obtienen su autonomía y el respeto a sus derechos individuales y colectivos. Ojalá y nosotros, la sociedad civil, que nos habíamos mantenido ajenos a los acontecimientos de tanto no creer, aprendamos a construir el México que queremos y merecemos. *La autora es escritora mexicana. Este es un extracto de una conferencia dictada en Quito, Ecuador, en 1996, durante un encuentro organizado por el Municipio de esa ciudad Próximo artículo:
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