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Buenas cartas, buenas reglas

Por Mauricio de María y Campos


El Estado debe promover la producción más limpia a través de sus diversos instrumentos: legales, económicos y técnico-financieros

¿Están la pequeña y mediana industrias latinoamericanas preparadas para la producción limpia?

La experiencia apunta a una creciente voluntad del sector para producir limpiamente, y conciliar las demandas ambientales con los objetivos de la competitividad internacional y la rentabilidad, siempre y cuando se cuente oportunamente con la información, la tecnología y los incentivos necesarios.

El punto crítico de la cuestión está, sin embargo, en qué queremos decir cuando hablamos de "empresas preparadas".

En el juego no sólo hay que tener buenas cartas. También hay que conocer las reglas y tener un objetivo claro. Los avances en materia de producción limpia nos muestran que es necesario salvar ciertas dificultades que escapan a lo técnico y a lo económico.

Un primer problema es el desconocimiento de las posibilidades: ignoramos la existencia de la producción más limpia, sus ventajas, su aplicación o las alternativas tecnológicas disponibles.

Actualmente, están identificadas tanto soluciones técnicas de tipo general como muchas otras específicas de ciertos sectores.

Lo que está fallando es la información y la difusión, piezas fundamentales de cualquier estrategia de producción más limpia.

El segundo aspecto crucial tiene que ver con la capacitación. Para aplicar la tecnología más limpia, se necesita preparar técnicos de industrias, consultoras, instituciones financieras y sectores académicos, de tal forma que ellos se conviertan, a su vez, en capacitadores.

El riesgo que implica todo cambio en la industria suele incitar al empresario a ser prudente a la hora de la renovación.

No obstante, las innovaciones introducidas con resultados satisfactorios en una empresa similar a la suya pueden inducirlo a pensar que si no las aplica puede disminuir su competitividad.

Los gobiernos tienen, por su parte, la función de preparar el terreno para la producción más limpia, más allá de la asistencia informativa. El Estado debe promoverla a través de los diversos instrumentos con que cuenta: legales, económicos y técnico-financieros.

Los países industrializados descubrieron tardíamente la producción más limpia y su legislación a menudo ignoró la prevención ambiental. Hoy están rectificándose y corresponde a América Latina aprovechar esa lección.

Si empresarios, sociedad y gobierno trabajan en materia de información, capacitación y legislación, daremos un gran paso y podremos afirmar, sin lugar a dudas, que la pequeña y mediana industrias latinoamericanas sí están mejor preparadas para acceder a una producción más limpia.

Sólo es cuestión de voluntad y de capacidad para la acción organizada, porque una industria sostenible está al alcance de cualquier buen gestor.

 

* El autor es Director General de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, Onudi.

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