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Procesos ecoeficientes por Eugenio Clariond Reyes
Los gobiernos, por su parte, han heredado prácticas de política económica contradictorias con el cuidado del medio ambiente. Estamos cotidianamente expuestos a señales oficiales que promueven el mal manejo y desperdicio de los recursos naturales, como los subsidios al uso del agua o de la energía. Y los hombres y mujeres latinoamericanos aunque están adquiriendo mayor conciencia ambiental carecen todavía de valiosa información y de una "cultura ciudadana", que les permita modificar sus patrones de conducta y de consumo. Desde el punto de vista empresarial, la gran pregunta es: ¿son compatibles la industria limpia y la rentabilidad económica? Creo que, afortunadamente, lo son. En América Latina, aumentan los testimonios de empresarios que hemos logrado fortalecer nuestras compañías, mejorar nuestra posición competitiva y asegurar nuestra permanencia en el futuro a través de procesos ecoeficientes. "Eco" por ecológicos, pero también por económicos. Si el desperdicio y la contaminación indican ineficiencia en el uso de nuestros insumos, lo ideal es el punto de cero contaminación. Este sería el indicador de un manejo óptimo, con menores costos económicos y ambientales. Y es clave que el ciclo productivo completo sea ecoeficiente, porque es posible obtener productos limpios de procesos sucios. Urge, por ello, una visión integral. La siguiente pregunta sería: ¿qué desafíos debemos enfrentar para lograr la ecoeficiencia? El primero es un reto mental, es decir, pensar en la ecoeficiencia como medio para mejorar la competitividad de nuestra empresa, a la vez que protegemos el patrimonio natural de nuestros hijos. El segundo es el desafío práctico: para poner en marcha procesos ecoeficientes, requerimos creatividad en la búsqueda de soluciones técnicas, acceso a capitales de riesgo y apoyo de nuestros gobiernos. Y el tercer reto es la inversión en capital humano, la única que garantiza que las soluciones técnicas que aplicamos realmente funcionen. Sin la participación humana calificada, los demás esfuerzos serán estériles. La mayoría de las unidades productivas son de pequeña y mediana industria. El problema, desde luego, no es su tamaño, sino su carencia de recursos financieros y técnicos para garantizar una producción limpia. Y ya que constituyen un número tan grande de pequeños contaminadores, es sumamente difícil calcular y monitorear su impacto ambiental real. En el caso latinoamericano, existe el agravante de que las pequeñas y medianas empresas son las principales generadoras de empleo. No hay que perder de vista esta importante variable social en una ecuación ya de por sí compleja. Es claro, por todo esto, que América Latina tiene todavía mucho por hacer. Pero hay signos positivos: confiamos en la viabilidad de la producción industrial limpia, sobre todo, porque hoy sabemos que sí puede ser rentable, si empresarios y gobiernos trabajan juntos para lograrlo, con el apoyo del resto de la sociedad. * El autor es mexicano, presidente del Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible de América Latina. Próximo artículo: Ecómetro: fábricas de contaminación>
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