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Sin espumas nocivas Por Diego Cevallos Aunque más de 20 años después que los estadounidenses, los mexicanos ya pueden estar seguros de que cuando usan detergentes no contaminan su entorno tanto como antes. Gracias a un acuerdo de autoregulación, los detergentes tienen características que permiten su rápida degradación sin consecuencias nocivas. La producción a nivel de planta, además, tiene un bajo impacto ambiental. El acuerdo, suscrito en diciembre de 1995, fue avalado por el gobierno y comprometió a cuatro empresas nacionales y a dos transnacionales. Los nuevos compromisos requirieron un desembolso de 40 millones de dólares. "Se trata de un cambio que nos puso al nivel de las naciones más desarrolladas en esta materia", dice Alejandro Sosa, gerente de Ecología, Norma y Salud de la Cámara Nacional de la Industria de Aceites, Grasas, Jabones y Detergentes de México. Fuente de empleo directo de 13 mil personas y con ventas anuales por un mil 500 millones de dólares, la undustria del detergente logra cada año una producción de 900 mil toneladas. Van quedando para la historia aquellos paisajes donde la espuma de detergentes cubría los mantos de agua. Según varios estudios, con las nuevas fórmulas de producción, ahora los detergentes se biodegradan hasta 50 por ciento antes de llegar a los ríos, es decir, se descomponen en elementos no nocivos. El limpiador en polvo, usado para lavar desde ropa y utensilios hasta automóviles y pisos de hospitales, se degrada 99 por ciento en la superficie de la tierra, dicen las investigaciones. Añaden que la velocidad de biodegradación, que llega a ser completa, es comparable a la de la glucosa. Una gran conquista Países desarrollados como Estados Unidos cambiaron la forma de producción de los detergentes hace 25 años, tras descubrir una variable del dodecilbencensulfonato de sodio - un derivado del petróleo y elemento activo del limpiador- que se biodegrada más rápidamente. En México se conocía el nuevo producto, pero no se utilizaba porque su importación resultaba demasiado costosa. La única alternativa era usar el elemento químico de lenta biodegradación producido por Pemex. Con la apertura comercial y la firma del acuerdo de autorregulación, Pemex perdió sus clientes del ramo. Ahora todas las empresas productoras de detergentes importan de Estados Unidos y Europa el elemento activo que no afecta al ambiente. El descubrimiento del nuevo químico, introducido en el mundo a principios de los años 60- es considerado por los expertos una de las más importantes conquistas ambientales en la producción de detergentes con base en derivados del petróleo, iniciada en los años 30. "Aunque para los empresarios mexicanos el nuevo elemento es 60 por ciento más caro, por su menos impacto ambiental es más económico para el pais", señala Héctor Sepúlveda, presidente de la Comisión Nacional de Ecología de la Confederación Patronal. Sepúlveda, director técnico de la fábrica de jabón y detergentes La Corona, ubicada en la capital, indica que aunque el compromiso de autorregulación de las empresas productoras de detergentes se suscribió en 1995, los cambios que favorecen al ambiente se iniciaron en 1992. La autorregulación contempla una evaluación periódica de las autoridades y el compromiso de adoptar procesos técnicos e instalar equipos para que la producción del detergente sea limpia en cada uno de sus pasos. Las fábricas disminuyeron prácticamente en 100 por ciento las emisiones de hidrocarburos en las torres de secado del detergente. Por ello, las autoridades decidieron dejarlas fuera de las fases de contingencia ambiental que se decreten en la capital. En otro compromiso, los productores trabajan ahora con la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas en la definición de un parámetro que permita medir con certeza la biodegradabilidad de los detergentes, con validez en los niveles local e internacional.
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