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| Análisis Alentar círculos virtuosos Por Julia Carabias Lillo En muchos casos, las mujeres -como formadoras y proveedoras de la familia- son responsables de cambiar los patrones de consumo y educacion para el cuidado del entorno El punto de partida es muy claro: la situación ambiental de México -así como de otros países de la región- es crítica y se expresa en la explotación no planeada de sus recursos naturales y en los severos procesos de deforestación, erosión del suelo, contaminación de aire y agua, acumulación de residuos tóxicos, entre otros. Los fenómenos poblacionales -crecimiento, fecundidad, cambios en la pirámide de población, flujos migratorios- no pueden desvincularse de las problemáticas referentes a inequidad, desigualdades regionales y patrones no sustentables de producción y consumo. En conjunto, todos presionan sobre el medio ambiente.
Estudios de tipo cualitativo concluyen que tanto en zonas rurales como urbanas marginadas, las mujeres -por su ubicación social- son agentes clave que ejercen e inducen tanto patrones de deterioro ambiental,como prácticas de conservación y uso sustentable de recursos naturales. En México son escasos los diagnósticos sobre la mujer y el medio ambiente, así como las políticas y programas que involucran exclusivamente a este grupo de la población en la esfera ambiental. En no pocos estudios se analiza la falta de acceso de las mujeres a los recursos tecnológicos, financieros y productivos, por lo que se promueve estimular su capacidad productiva. Sin embargo, predomina la idea de que la incorporación de las mujeres al desarrollo estaría limitada exclusivamente al uso de los recursos y no al manejo y conservación de los mismos. Puntos centrales, tareas urgentes Casi todos los puntos señalados dentro de la Plataforma de Acción de la IV Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing, tienen una relación directa sobre la problemática de la mujer en México. Por ejemplo, la falta de acceso a los distintos niveles de decisión, en particular en proyectos públicos y privados, y en la aplicación de acciones gubernamentales destinadas a toda la población, que afectan de manera directa o indirecta a la especificidad de las mujeres. En los planteamientos del Fondo de Población de las Naciones Unidas confluyen nuevos enfoques y propuestas de la academia, de organismos internacionales y de otros agentes que documentan cómo la mayoría de los aspectos relacionados con la calidad de la vida de la población tienen particular pertinencia para las mujeres. Asimismo, en la Cumbre de la Tierra y en las últimas conferencias mundiales sobre población y sobre la mujer, se revela el consenso sobre la necesidad de construir políticas públicas que alienten los círculos virtuosos entre mujer y medio ambiente. Es imperativo idear mecanismos que permitan potenciar el papel de la mujer en la ordenación nacional de los ecosistemas y en la lucha contra la degradación del medio ambiente. Para ello se ha propuesto, entre otras medidas, alcanzar para el año 2000 la meta de eliminar todos los obstáculos constitucionales, jurídicos, administativos, culturales, sociales, económicos y de comportamiento. En este último caso se requieren ampliados esfuerzos en torno a la alfabetización, capacitación, nutrición y salud de las mujeres y, en particular, mejores condiciones culturales y de información para decidir de manera libre y responsable el número y el espaciamiento de sus hijos. Por último, es indispensable reconocer la lucha que tanto en las áreas rurales como urbanas han dado históricamente las mujeres por mejorar las condiciones de su hábitat: vivienda, luz eléctrica, drenaje, transporte, servicios médicos y educativos, seguridad, entre otras. Sólo si reconocemos la educación y capacitación de las mujeres como elemento sustantivo de la política social, combatiremos la pobreza en el marco de una política integral de desarrollo sustentable. Porque la mujer -como formadora y proveedora, en muchos casos, de nuestras familias- es responsable de cambiar patrones de consumo y educación para el cuidado de nuestro entorno. * La autora es secretaria de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, de México Próximo
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