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La defensa comunitaria del entorno


Líderes ambientales

Por inter press service

Un punto de consenso dentro de un debate irresuelto: ellas mantienen la iniciativa en actividades ambientales, sobre todo en cuestiones de orden práctico

Hay quienes consideran que las mujeres sufren en mayor medida que los hombres la crisis ambiental, y que, por tanto, son más sensibles frente a ella.

Otros -aunque reconocen las diferencias de género- creen que los problemas ambientales afectan a todos por igual y que un enfoque excluyente de los hombres es discriminatorio.

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En este debate tan complejo, parece registrarse, sin embargo, un punto de consenso: hay una importante participación de las mujeres en la defensa comunitaria del ambiente.

Ellas mantienen, en muchos casos, la iniciativa en actividades ambientales, sobre todo en cuestiones de orden práctico, como el tratamiento de la basura y el cultivo sostenible de los recursos.

La argentina Carlota Abeya recuerda cuando aprendió a nadar y remar hace unos 30 años en la zona del Tigre, a 30 kilómetros de Buenos Aires, donde se encuentra el delta del río Paraná.

Hoy, su hijo se resiste a visitar el tradicional paseo. "Tengo miedo de caer en ese río asqueroso, negro y con burbujas", dice el niño.

"Cuando vi que mi hijo no podía disfrutar de lo que yo disfruté, comencé por mi cuenta a filmar las fábricas que vertían residuos en el río. Llevé todo a un fiscal, que inició juicios con mis películas", informa Abeya.

Hace diez años, Abeya creó la Fundación Pro Tigre, dedicada a la defensa del delta del Paraná. Como otras residentes del área, cree que las mujeres "tienen menos miedo y más necesidad" de afrontar los problemas ambientales.

Son ellas quienes "protestan ante las fábricas porque los hombres temen por las fuentes de trabajo y están en posición más vulnerable frente a los sectores de poder", opina.

Clara Angel, de la Coalición Internacional para Habitat, sostiene que la mujer vive y sufre más que el hombre los problemas de los asentamientos pobres en las ciudades y, por tanto intenta resolverlos.

Algunos dirigentes ambientalistas aseguran que, entre otras razones, esta actitud de la mujer está determinada por el contacto con sus hijos.

Regina Barba, portavoz de la Unión de Grupos Ambientalistas de México, que reúne 33 organizaciones no gubernamentales (ong), cree que las mujeres están más sensibilizadas, sobre todo cuando tienen niños pequeños. "Hay un interés particular por el ambiente que rodea o rodeará a nuestros hijos", observa.

La también mexicana Edith Sámano, dirigente de una ong en Piedra Grande, a 45 kilómetros de la capital, destaca que "estos problemas no interesan a los maridos, los invitamos, pero no vienen".

En su opinión, los proyectos funcionan mejor si están a cargo de mujeres. "Al menos en nuestra comunidad pasa eso, somos madres, somos más sensibles, e intentamos modificar la educación tradicional de los hijos varones, para que el futuro sea distinto".

‘Las mujeres no matan niños en la calle’

Según el teólogo brasileño Leonardo Boff, las mujeres "están mejor equipadas para desarrollar un nuevo paradigma de la relación con la naturaleza", por su especial habilidad para "el análisis de lo complejo, de los detalles". "Ellas son más sensibles ante la injusticia", afirma Boff.

"Las mujeres no matan niños en la calle. Eso es cosa de policías hombres.

Ellas son más suaves, más reconciliadoras", y "procuran curar la parte enferma", opina el sacerdote.

A su juicio, la humanidad debe "rescatar la dimensión de lo femenino, aplastada desde el neolítico". Propone que "se abran las puertas a la dimensión de lo sagrado, a la consideración del planeta como organismo vivo, y a una nueva alianza con la Tierra".

Regina Barba puntualiza, en cambio, que "el problema ambiental es de todos", y "cuando los proyectos están diseñados con base en conceptos feministas pueden originarse situaciones de discriminación".

"En muchos casos, es más factible que las mujeres participen en proyectos de cuidado del entorno porque tienen mayor disponibilidad de tiempo", agrega.

Pero los hombres "siempre están vinculados a los proyectos ambientales, porque son parte de las comunidades".

El argentino Daniel Bouille, de la ONG Fundación Bariloche, diferencia entre aquellos que limitan su preocupación ambiental a la naturaleza y quienes tienen una visión antropocéntrica, es decir, centrada en la relación del entorno con la humanidad.

De acuerdo con el segundo enfoque, la pobreza -como fuente de discriminación y contaminación- expresa nítidamente la diferencia de género, porque la mayoría de los afectados son mujeres.

Mary Alegretti, secretaria de Planificación del estado de Amapa, situado en el norte de Brasil y ex directora del Instituto de Estudios Amazónicos, destaca que "los que se sienten más perjudicados tienen una actitud más favorable hacia los proyectos ambientales".

"Las posibilidades de buena ejecución de los proyectos aumentan cuando las mujeres participan, porque la estrategia productiva se concentra en la mujer, que controla los recursos, la alimentación, la familia", agrega.

Todos los entrevistados coinciden en que, en la última década, las mujeres lograron aportar "una visión propia en las discusiones sobre políticas de desarrollo sostenible". Una visión que iluminó la Cumbre de la Tierra, hace tres años en Río de Janeiro, y la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, este año en Beijing.

* Los autores son periodistas de la red IPS-PNUMA: Uruguay (Marcelo Jelen), Argentina (Marcela Valente), Río de Janeiro (Mario Osava) y México (Diego Cevallos).

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