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Contrapunto


Un peligro nos  acecha

Por Guto Galvao

Los hospitales y las industrias son un buen ejemplo de los claroscuros del progreso: ambos son símbolos del desarrollo, pero sus residuos letales -mal manejados- pueden ser una amenaza constante contra la vida.

El tratamiento deficiente que se registra en América Latina y El Caribe convierte a esos desechos en un riesgo de tiempo completo, tanto por las grandes cantidades existentes como por el número de poblaciones expuestas a su carga mortífera.

Se trata de materiales que no se pueden utilizar en otros procesos productivos y que representan un peligro potencial para la integridad del hombre y del medio ambiente.

Un ejemplo común son las fundidoras de baterías que funcionan a menudo en zonas residenciales y carecen de procesos adecuados para tratar sus desechos, los cuales contienen plomo, metal de graves efectos en la salud.

El plomo es altamente nocivo porque a través de la respiración o la digestión llega a órganos como el cerebro, donde puede causar daños irreversibles, entre ellos la pérdida de capacidad de aprendizaje en niños.

Un estudio de la Ops en 16 países de América Latina y El Caribe demostró que un 90 por ciento de estos residuos es líquido, un 5.7 tiene forma de lodo industrial y un 4.3 es sólido.

La mayor parte de los desechos sólidos se produce en la industria de productos metálicos, más de la mitad de los lodos en la de sustancias químicas básicas y el 63 por ciento de los líquidos en la textil.

Las curtiembres, las imprentas y la industria del papel también aportan su cuota a la polución ambiental por residuos peligrosos.

Son, asimismo, riesgosos los desechos procedentes de centros hospitalarios, que poseen potencial infeccioso y cada vez más materiales radiactivos y compuestos químicos.

Se estima que en la región cada cama de hospital genera 220 kilogramos de residuos peligrosos anuales.

Consecuencias de largo plazo

Otro caso preocupante es el de los residuos de plaguicidas y de la industria química en general, comunes en casi todos los medios ambientales. La ciencia desconoce en alguna medida sus efectos en el organismo humano cuando son inhalados o consumidos en bajas dosis durante mucho tiempo.

Por ello, sus consecuencias sólo se pueden valorar mediante la verificación de efectos que tardan en manifestarse, como son los tumores y las alteraciones genéticas.

El tratamiento de estos residuos es deficiente en gran parte de nuestros países. Por ejemplo, en 10 de los 16 países encuestados, el 40 por ciento de los efluentes con residuos no pasan por ningún proceso de tratamiento.

De ahí la importancia de informar a la población acerca de los peligros potenciales que representan y sobre esa base establecer estrategias prácticas.

Es esencial la participación de la industria, porque puede ayudar a minimizar el problema si provee de datos precisos a los centros de estudios y organizaciones internacionales, si usa tecnologías limpias y si recicla sus residuos.

El sector de la salud pública juega un papel primordial en el diseño de métodos apropiados para establecer la prioridad entre los sitios con residuos peligrosos y el desarrollo de sistemas para evaluar los riesgos.

 

* El autor es brasileño, asesor de la División de Salud y Ambiente de la Ops, Washington.

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